Philip Mullins

Guatemala: Quinta Década

1950:

Encontrándose mamá sufriendo quebrantos de salud, los médicos de la Antigua le aconsejaron que fuera a la capital para que la examinara el Dr. Bernardo del Valle, cancerólogo de gran reputación, quien después de ver el resultado de los análisis de laboratorio diagnosticó tumor maligno en la vagina, por lo que debía someterse sin pérdida de tiempo a una operación quirúrgica, cuyo costo era de Q.200.00.

Ella se encontraba hospedada en casa de mi prima Josefina de Molina, quien se portó admirablemente, proporcionándole alojamiento durante su permanencia en la capital. Careciendo de fondos mi madre para costear la operación, espontáneamente Josefina le dijo que no se preocupara, porque ella le prestaría el dinero y después se lo fuera pagando como pudiera.

Pronto se llevó a cabo la operación, recuperándose sin ninguna molestia posterior, cuando me informaron lo sucedido, asumí la responsabilidad de la deuda con Josefina, habiéndola pagado en diez mensualidades de 20 quetzales cada una.

1951:

En el mes de Enero hicimos viaje a la Antigua con el objeto de dejar a nuestros hijos Daniel y Rosa María, para que estudiaran en los colegios de la Merced y Asilo Santa Familia, respectivamente, hospedándose en la casa que ocupaban mamá y Marta. Pasaron bien todo el año y a Rosa María que apenas contaba cinco años de edad, la obligaron en el Asilo que hiciera su Primera Comunión. Terminando el ciclo escolar, regresaron a la finca.
Por haber terminado su período presidencial el Dr. Juan José Arévalo Bermejo, se celebraron elecciones, habiendo obtenido mayor número de votos el candidato oficial Coronel Jacobo Arbenz Guzmán, que asumió el poder el 15 de Marzo de 1951

Debido a lo bien comunicada que estaba la finca el Zambo con fácil acceso tanto por carretera o ferrocarril, frecuentemente nos visitaban amigos y parientes por mi parte: Mamá, Marta y sus hijos Mario y Miguel Angel, también llegó en una ocasión mi prima Matilde acompañada de su esposo Mr. Bish.

De parte de mi esposa Elisa, llegaron en diferentes ocasiones: mi suegra Angelina Gramegno vda. De Bocaletti, sus hijos o sea mis cuñados Efre, Carlos, Clara, Angelina y María Luisa.

Mi cuñado Carlos Atilio estaba casado con Laura Montúfar, pero solamente, por lo civil, en cierta visita que me hicieron en la finca, les interrogué porque no se casaban por la iglesia, habiendo respondido que por falta de tiempo para llenar los trámites y demás cosas (creo que el principal motivo era negligencia).

Les propuse que si estaban de acuerdo, yo les llenaría todos los trámites para que el matrimonio eclesiástico se verificara en la finca, estuvieron de acuerdo y empecé a mover pitas para que llegara el Sacerdote a oficiar una misa en el amplio corredor del beneficio de café, por carecer de Iglesia. Así se hizo, llegó el cura, ofició la misa y celebró el matrimonio, lo que fue un acontecimiento, pues nunca antes habían tenido oportunidad de asistir a un acto eclesiástico por falta de un templo, pero como dice el dicho: queriendo, todo se puede.

El 31 de Diciembre se fundó la OEA Organización de Estados Americanos con sede en Washington, procura la cooperación y defensa entre sus miembros que son cerca de 30 países de América.

1952:

Anualmente se verificaba en Guatemala un concurso nacional del café, las principales fincas productoras del grano de oro, enviaban a la capital sus muestras respectivas, no faltando las producidas y beneficiadas en las cuatro fincas de la familia Boppel, en esta oportunidad y por primera vez en la historia, la finca “El Zambo “, ganó dos medallas de plata, una por calidad del producto, y la otra por el beneficio del mismo, en tal sentido el Ministerio de Agricultura, envió dos tarjetones a la Administración a mi cargo, comunicando los dos premios obtenidos, fijando a la vez la fecha y hora para ir a recogerlos en el lugar donde se verificaría la ceremonia. Cuando entregué los tarjetones a Don Enrique Boppel, representante de la familia, me felicitó, diciéndome: “guarde para usted esas tarjetas para que le queden como constancia”. En vísperas de la fecha de premiación fue nombrado irónicamente un empleado de menor categoría, mayordomo de la finca “San Isidro”, cuyo nombre no recuerdo, para que fuera a la capital, a recibir las medallas, lo que no me olvido es que se trataba de un alemán, ojos azules, por supuesto el viaje lo hizo con gastos pagados y a su regreso las medallas fueron colocadas en un marco en la oficina de “San Isidro”, propiedad del referido Sr. Boppel…para El Zambo ni jute!

A estas alturas todas las plantaciones de café se habían renovado, cultivando nuevas variedades más productivas que las tradicionales, empleando a la vez nuevos métodos para duplicar el número de matas en las mismas áreas cultivadas, así mismo, la totalidad de las viviendas de los trabajadores fueron substituidas por otras más modernas y confortables, también se construyó nuevo beneficio para despulpar y fermentar el café, y la obra de mayor envergadura fue la introducción del agua necesaria para la máquina del café, planta eléctrica, riego de viveros, etc. El agua que tradicionalmente se utilizaba procedía de la vecina finca “Las Margaritas” propiedad de don Antonio Bonifasi, llegando a su destino por medio de una toma, pero el caudal de agua era insuficiente para cubrir todas las necesidades del beneficio, así como la necesaria ampliación del servicio de alumbrado eléctrico principalmente durante el verano. En los costados Oriente y Poniente de El Zambo, corrían los ríos Chitá y Río Negro respectivamente, sirviendo de lindero con las fincas Los Angeles de don Enrique Hoffens y San Buenaventura de don Eulogio Leppe. Desde hacía años se me había metido entre ceja y ceja, la introducción de las aguas del Chitá, que a su paso a la altura del Beneficio quedaba varios metros más hondo, por lo que era necesario tomar el desnivel desde el punto más alto de su paso por la finca, esta idea se la indiqué a don Santiago López, pero él me respondió ¿ cómo se le ocurre semejante cosa? No ve a que profundidad pasa el río? . No obstante, varios meses más tarde, en ocasión que el Ingeniero Alemán Carlos Marckwardt, se encontraba dirigiendo la remodelación del Beneficio, el propio don Enrique Boppel le ordena tomar los niveles del río, dando por resultado que sí había suficiente desnivel para aprovechar las aguas, En tal sentido se construyó un muro de contención y una nueva toma con media pulgada de desnivel por yarda lineal, de esa manera mis sueños se hicieron realidad y con la alegría de todos los trabajadores se instaló un generador de mayor capacidad, dotando de alumbrado eléctrico las habitaciones de los obreros y peones en general. Con la construcción de esta toma se mataron dos pájaros de un solo tiro, pues al no utilizar el agua procedente de la finca Las Margaritas, el señor Bonifasi las aprovechó, instalando una turbina y un nuevo generador, mejorando en gran manera su servicio eléctrico

Subsidiado por la compañía Agrícola de Tiquisate, funcionaba en la ciudad de Mazatenango el Colegio Lincoln, dependiente del Colegio Inglés Americano de la capital, siendo su objetivo ayudar a los hijos de los empleados de dicha compañía, cobrándoles únicamente diez quetzales mensuales por cada alumno que estudiara en dicho plantes. Como ya lo he mencionado anteriormente, en el Zambo, se cultivaba banano para la citada compañía, por lo que a mi vez gozaba del privilegio que mis hijos estudiaran en ese centro educativo en las mismas condiciones de los empleados, así es que en este año de 1952, inscribí a Daniel y Rosa María. Aprovechando que los propietarios de las fincas vecinas, señores Agapito Alvarez Varona y Enrique Hoffens tenían estudiando a sus hijos en ese colegio, el primero los llevaba en su carro a las 7 ½ de la mañana y el segundo los regresaba a las 3 de la tarde, me puse de acuerdo con ellos y convenimos que mis hijos llegarían diariamente a la finca de don Agapito, y a su vez don Enrique los recogería en el colegio, dejándolos en el Zambo, quedando en esa forma solucionado el transporte de los estudiantes, previo pago de una pequeña cuota mensual. Ahora bien, solamente, quedaba pendiente la forma de llevarlos a la finca de don Agapito, casualmente en esos días me ofrecieron en venta una yegüita con su correspondiente montura, la compré poniéndole por nombre Tortolita y quedó al servicio de Daniel, por otra parte el caballericero Patrocinio, llevaría a Rosa María en un caballo de la finca, total todo salió a pedir de boca.

Para aumentar mis ingresos, con autorización de los propietarios de la finca, instalé un gallinero en la parte posterior a la casa de habitación a regular distancia de la misma, todo circulado con malla de alambre, y su correspondiente galera, cubierto el techo y costados con láminas viejas, para resguardar las aves de las inclemencias del tiempo y de los animales depredadores, instalando a la vez suficientes ponederos, comederos y bebederos, previamente compré 300 pollitos y un manual para crianza y explotación, instalando provisionalmente los pollos en jaulas que fabricó el carpintero Abel López Matheo, a su debido tiempo, vacuné y se mezclaba antibióticos en el agua, total se aplicó toda la técnica moderna de la época, dando por resultado un éxito rotundo, a los seis meses principió la producción de huevos de primera calidad y se vendían principalmente en Mazatenango

1953:

La cosecha en El Zambo, fue la más alta de todos los tiempos, sobrepasando 13,000 cajas de café maduro, comparada con 5,000 producidas cuando recibí la finca en el año de 1945, es decir más del 100% de aumento.

El 21 de Octubre, recibí un telegrama de mi hermana Marta, comunicándome que mamá se encontraba gravemente enferma, siendo necesaria mi presencia en la Antigua, le mostré a don Santiago el telegrama, solicitándole a la vez permiso para irme; me concedió el permiso y esa misma tarde me fui a Mazatenango para tomar el tren nocturno, a las 7 de la mañana llego a Guatemala, seguidamente abordé una camioneta, llegando a la Antigua a eso de las 9 ½ de la mañana, mamá se encontraba en estado de coma, pero al acercarme a su cama, inmediatamente abrió los ojos reconociéndome, me habló, mostrando su satisfacción por mi presencia, el resto de ese día y la noche la pasó tranquila, al siguiente día por la tarde entró en agonía, falleciendo por la noche del 24 de Octubre, día de San Rafael Arcángel, de quien era muy devota, el entierro se efectuó el día 25 por la tarde, y el 26 regresé a la finca. Quiero dejar constancia de un hecho curioso: hacía más de 4 años, mamá permanecía paralítica a consecuencia de artritis crónica, por lo que ambas piernas las tenía encogidas, completamente rígidas, impidiéndole ponerse de pié y mucho menos caminar, pero desde el momento que entró en estado agónico, paulatinamente fue estirando las piernas hasta llegar a su posición normal en el momento de su muerte.

La habitual tranquilidad de la finca fue desapareciendo; así mismo, en todo el país cundía el temor y la zozobra, las noticias eran alarmantes por la cantidad de presos políticos, torturas espantosas, desapariciones y muerte de personas de todas clases sociales que no están de acuerdo con la ideología procomunista del presidente Arbenz Guzmán. En El Zambo estaba el principal foco de rebeldía de toda la zona, encabezada por el líder Miguel López, que siempre trataba de sabotear los trabajos, incitando a la desobediencia y buscando la manera de impedir se le diera trabajo a los que no estuvieran de acuerdo con sus ideas, en esa época el pecado mayor consistía en ser anticomunista; la prensa nacional estaba censurada, por lo que al final de cuentas ya no sabía uno cual era la verdadera realidad que se vivía, pues por una parte la radio oficial publicaba lo que le convenía al régimen, que se hacía pasar por víctima de los yanquis, que a su vez defendían las grandes inversiones que tenían en el país. Por otra parte surgió la radio clandestina operada por estudiantes universitarios, cuyos locutores eran: Leonel Sisniega Otero, José Torón Barrios y Mario López Villatoro, todas las noches publicaban noticias denunciando todos los atropellos que el gobierno cometía contra la ciudadanía, y anunciando la inminente invasión del país por tropas comandadas por el Coronel Carlos Castillo Armas desde las bases establecidas en territorio Hondureño.

1954:

La historia de la administración Arbenz es larga y complicada, siendo el objetivo de estas memorias únicamente dar a conocer a las futuras generaciones, algunas facetas de los acontecimientos ocurridos; presenciados personalmente o informado por los que tomaron parte en los mismos, siempre que sean dignos de crédito, los historiadores se encargarán de profundizar y juzgar imparcialmente todos los hechos y causas de los mismos.

En tal sentido les diré que en la finca la situación cada día se ponía más peligrosa, no se sabía en quien confiar, aunque todo el personal era anticomunista, los propietarios permanecían en Guatemala y en muy pocas ocasiones llegaban a la finca en viajes relámpago. Regularmente, por las noches, con las luces apagadas, mi esposa Elisa y yo encendíamos el radio y a muy bajo volumen sintonizábamos la “Radio Clandestina”, para informarnos de los sucesos políticos que debido a la censura de la prensa, nunca salían a luz con veracidad.

En todo el país, los alcaldes reciben órdenes de las autoridades superiores de encarcelar a todas las personas de ideología anticomunista; por lo que a mí respecta, cierta vez el líder campesino Miguel López, informó al mayordomo del El Zambo, Sr. Maximiliano X. (a) “Don Chilano”, que tenía órdenes de conducirme a la cárcel de San Francisco Zapotitlán, por ser anticomunista, don Chilano a su vez, con el objeto de protegerme, hábilmente le responde: si encarcelan a don Daniel, la finca quedará sola, piénsalo bien, porque no habrá quien nos pague nuestros salarios, sería mejor llevar en su lugar a otra persona, por último acordaron conducir al inofensivo chofer Federico Taracena, hombre de mediana edad y condición humilde, fue presentado al juzgado, quedando prisionero por espacio de cuatro o cinco días, pero la suerte lo ayudó, porque el alcalde de San Francisco, Sr. Osmundo Barrios, por ser anticomunista, no obedeció los mandatos de las altas autoridades capitalinas, que telegráficamente ordenaban dar muerte a todos los presos políticos, pero afortunadamente estos desesperados días llegaron a su fin con el derrocamiento de Arbenz y triunfo de Castillo Armas, secundado por la mayoría del pueblo de Guatemala, localmente todo fue alegría, dejaron en libertad a Los prisioneros y a su vez persiguieron y encarcelaron a los líderes y agitadores; entre ellos Miguel López que permaneció un día atado a un pilar del frente del Mercado Municipal, a un costado del parque, y después encarcelado por algún tiempo.

En los primeros días del mes de Junio en la ciudad de la Antigua, fueron encarcelados, entre otras personas que no recuerdo, mis amigos Felipe Efraín Díaz (a) “Masquilón”, oficinista, honrado y de buenas costumbre, a quien menciono en estas memorias, como héroe en los trabajos de salvamento, con motivo de la inundación de la ciudad, el 9 de Octubre de 1935, Tomás Ortíz (a) “Mashico”, buen impresor, sin vicios y dedicado a su trabajo, Juan Hurtarte (a) “Cucumaco”, peluquero, apolítico, sin más delito que solo por el hecho de ser peluquero se mantenía informado por sus clientes, de todos los acontecimientos ocurridos, como generalmente sucede con los de su oficio, entre los prisioneros también Estaba el carpintero Samuel López, jovencito de 23 a 25 años de edad, y un coronel retirado de apellido Portillo; a quienes únicamente conocí, sin tener amistad con ellos. Según noticias periodísticas, estas personas fueron brutalmente torturadas y una noche los condujeron al cementerio general, caminando con ataduras en los brazos, para impedir que se fugaran, fueron fusilados y acto seguido enterrados en una fosa común. A pocos días después de la caída de Arbenz (27 de Junio), fueron exhumados los cadáveres y toda la prensa nacional publicó las macabras fotografías, informando detalladamente las torturas a que fueron sometidos antes de ser fusilados, por no ser confesos de los delitos que les imputaban a estos inocentes ciudadanos, así como a centenares más, que corrieron la misma suerte en toda la nación.

1955:

El 16 de Febrero, día de mi cumpleaños, como a las 5 de la tarde, un grupo compuesto por 6 u 8 trabajadores de la finca, llegaron alborotados a la habitación informándome que se estaba quemando el cafetal Robusta a inmediaciones de San Francisco, con tal motivo fui apresuradamente a la casa cercana del chofer Santiago Murakawa, para que abriera el garaje y sacara el camión, rápidamente, acompañados por los trabajadores que logramos reunir, los aperamos de botes de lata, baldes, palas y azadones nos dirigimos hacia el lugar del siniestro, más o menos a un kilómetro de distancia, al llegar nos persuadimos que un enorme tronco podrido de ceiba tirado a orillas del cafetal, estaba ardiendo en su interior, produciendo una enorme humareda y chispas en abundancia, siendo la época más seca del año, se corría el riesgo que con el viento, un chispazo provocara el incendio de las plantaciones de café, afortunadamente, muy cerca se encontraba un río para abastecernos de agua, por lo que distribuimos la gente en las siguientes tareas, la mayor parte, acarreando agua, otros retirando la basura de alrededor del tronco y removiendo la tierra para cubrir las brasas, etc.

Ya anocheciendo, inesperadamente llegó don Santiago López, en un automóvil nuevo, inadecuado para transitar por los caminos del cafetal, inmediatamente que salió del auto, en tono imponente me dice: ¡porque no me avisó inmediatamente lo que sucedía, antes de venir a éste lugar! A mi vez le contesté: no le avisé porque la puerta de su casa estaba cerrada y la noticia del incendio necesitaba atención inmediata, estando la finca bajo mi responsabilidad, no podía perder tiempo para evitar una tragedia mayor. El: ¡Ya le dije que su obligación era avisarme antes que todo!. Yo: Le repito que mi responsabilidad me obliga a prestar el auxilio inmediato, para evitar funestas consecuencias. El: ¡Ya me cansé de repetirle su obligación de avisarme antes que nada!. Yo: ¡ya me cansé que me esté jodiendo!…. Seguidamente, se retiró y acercándose al grupo de trabajadores que estaban más alejados les dijo que se podían retirar a sus viviendas, acto continuo se introdujo en su automóvil y se largó, llevándose a 3 o 4 de los hombres que estaban prestando auxilio, el resto de la gente continuó trabajando sin descanso, igualmente el chofer Murakawa, hasta que por fin, cerca de las 11 de la noche, quedó completamente apagado el fuego, regresamos todos en el camión, llegando al casco de la finca, vi a don Santiago que se encontraba de pié en el corredor de su casa, me acerqué y le dije: ya quedó completamente apagado el fuego, él respondió ¡está bien!.. Y entró a su casa. Pasaron 4 o 5 días, y don Santiago no daba señales de vida, no llegaba como de costumbre a la oficina, ni se dirigía a mí para cambiar impresiones respecto a los trabajos de la finca.

Casualmente, pocos días antes del incendio me proponían el cargo de Administrador de la cercana finca Venecia, a lo que no le había dado importancia, pero con el incidente antes narrado, decidí personarme con la propietaria de la finca, una tarde después de terminar el trabajo del día, ensillé mi caballo, dirigiéndome a la mencionada finca, la entrevista con la propietaria fue cordial y prolongada, acordando al final, que previamente yo renunciaría de mi cargo en El Zambo y un mes después me presentaría en Venecia. Así las cosas, al siguiente día me entrevisté con don Santiago, exponiéndole que había decidido retirarme de la finca porque al parecer, mi permanencia ya era innecesaria, él a su vez me respondió que lamentaba lo ocurrido, pidiéndome que no me retirara de la finca y si la razón se debía a causas económicas, estaba dispuesto a mejorar mi sueldo, entonces le repuse que no era ese el motivo y mi determinación ya estaba tomada, para finalizar convenimos que trabajaría un mes más y enseguida me liquidaría.

Pocos días después, platicando con unos amigos, me aconsejaron que no me convenía, trabajar en la finca Venecia, porque la hija de la propietaria era la que manejaba todo lo concerniente a la administración de la misma, siendo muy terca y autoritaria, indagando con otras personas, todas coincidieron con la misma opinión, por tal motivo le comuniqué a la propietaria que por motivos personales, ya no me haría cargo de su finca, agradeciéndole la confianza que me había dispensado.

En San Francisco Zapotitlán, tomé en alquiler una amplia casa de dos niveles, propiedad de don Enrique Hoffenz, pues como mandado del cielo, repentinamente recibí un mensaje del Sr. Francis Suriman, de origen Suizo, propietario de una finca en Coatepeque, persona a quien no conocía, me proponía en venta los implementos necesarios para la crianza de pollos. Pronto nos conocimos, platicamos largamente, y me informó que él tenía ese negocio de los pollos, pero le restaba mucho tiempo en las atenciones de su finca y por ese motivo había decidido cancelarlo y vender los implementos, consistentes en: 1 incubadora para 100 pollitos, 1 criadora, y bebedero automático, 6 comederos horizontales, 6 comederos con depósito vertical de campana, una cantidad no determinada de etiquetas con la marca impresa a dos colores, con el nombre “PIO”, así mismo me daría asesoría técnica para la crianza y comercialización, además de una lista de sus clientes que semanalmente le compraban los pollos congelados, todo lo descrito lo dejaba a un precio favorable, terminamos rematando el negocio. Ya instalado en mi nueva residencia en San Francisco Zapotitlán, trasladé los pollos y gallinas que tenía en El Zambo, hice pedidos a Nueva Orleans, de pollitos de engorda y le entré de lleno al negocio, llegando a tener 4,000 animalitos de diferentes tamaños. A su debido tiempo, mi esposa Elisa y yo le entramos de lleno al negocio, principiamos la tarea de matar, desplumar, limpiar y pesar los pollos, colocando cada uno dentro de una bolsa de nylon con su correspondiente etiqueta y acomodándolas en el congelador, anteriormente visité a los presuntos clientes que me habían recomendado, llevándoles una muestra, les ofrecí el producto a razón de ochenta centavos la libra, puesta en el establecimiento del comprador, casi todos aceptaron la oferta y programamos los pedidos semanales, a los siguientes clientes. Tienda de la señora Luz de Mahler en Mazatenango, Casa Antillón de San Antonio Suchitepéquez, restaurante El Pájaro Azul, de Quetzaltenango, y un restaurante cuyo nombre no recuerdo, de Tiquisate.

Un día llegó a visitarme don Antonio Bonifasi, durante la conversación me preguntó si estaría interesado en administrar una finca de café, situada en el Zumbador, departamento de San Marcos, porque poco tiempo antes falleció el propietario y con tal motivo, la ciudad necesitaba una persona idónea para que se hiciera cargo de la citada finca, y teniendo amistad con don Antonio, le hizo el encargo sobre el particular, él a su vez se refirió a mi persona, ofreciéndole hacerme la proposición, acordando que el sueldo sería de 500 Quetzales mensuales, como puede verse la propuesta era económicamente alagadora, pero en mi caso, con 5 hijos de edad escolar, tendría que vivir aislado de la familia, por no tener un colegio cercano para los niños y en una zona completamente desconocida, Por tal motivo me concreté a darle las gracias a don Antonio, disculpándome no aceptar la oferta.

Semanas más tarde, recibí la visita del Doctor Flavio Andrade y su esposa doña María Díaz Durán, para proponerme la administración de su recién comprada finca “Las Elviras”, les hice ver que hacía poco tiempo había iniciado el negocio de los pollos, lo cual me impedía dedicarme a otras ocupaciones, ellos a su vez, replicaron que eso no era motivo irreparable, porque en la finca había un amplio gallinero circulado con malla de alambre, y se encontraba prácticamente abandonado, por lo que podría seguir con el negocio con la colaboración de mi esposa y alguien que nos ayudara, así mismo autorizaban la instalación de una tienda para aumentar mis ingresos y a la vez beneficiar a los trabajadores de la finca, porque se evitarían el viaje hasta el pueblo para abastecerse de sus Víveres. Nos pusimos de acuerdo que al siguiente día llegarían por mí para que conociera la finca y decidiera si aceptaba la oferta, cumpliendo lo convenido, en compañía de Elisa, nos enseñaron todas las habitaciones, beneficio y demás instalaciones, incluyendo las plantaciones de café, simpatizamos ambas familias y a la vez nos agradó la finca, convenimos que en el término de dos semanas tomaría posesión del empleo, para principiar me iría solo, y al terminar el ciclo escolar llegaría mi familia, así lo hice y di principio a mis actividades, el doctor y su familia radicaban en la capital, no conocían nada de agricultura, por cuyo motivo me dejaban en libertad de trabajar a mi criterio. Cada dos semanas llegaban, permaneciendo 3 o 4 días en la finca, hacían sus recorridos por las plantaciones, caminando a pié, siendo muy amena su conversación. La finca poseía un Jeep, al que le enganchaban un carretoncito que utilizaba el caporal Bernabé Hernández Puac, para acarrear materiales, a pesar de haber permanecido en fincas tantos años, nunca me preocupé por aprender a manejar ningún vehículo, así las cosas, cierta vez doña María me dijo: que para movilizarme y no permanecer encerrado, era necesario que pronto aprendiera a manejar el Jeep para dejarlo a mi servicio, siendo Bernabé el indicado para enseñarme, al sordo se lo dijeron, no esperé que repitieran la propuesta, el día siguiente le comuniqué a Bernabé lo dispuesto por la patrona, y esa misma tarde, terminando los trabajos del día nos dirigimos al campo de fútbol, que era el lugar más apropiado para ese fin, tres días duró el aprendizaje, y al cuarto día enganché el carretoncito y me fui sin ninguna compañía a San Francisco, el viaje lo hice a paso de tortuga, mejor dicho a vuelta de rueda, porque el Jeep iba con el dual puesto y la velocidad en primera, solamente en las rectas planas del camino le ponía la segunda, al salir de los estrechos y pendientes caminos de la finca, entré a la antigua carretera que conecta las ciudades de Mazatenango con Quetzaltenango, pero al pasar por una estrecha curva sucedió el primer percance, consistente en la volcadura del carretoncito, quedando boca abajo, menos mal que estaba vacío y la carretera solitaria, pronto paré la marcha, me bajé y enderecé el vehículo, prosiguiendo hasta llegar a la casa, siendo grande la sorpresa de Elisa al verme convertido de la noche a la mañana en un consumado chofer, después de un rato de conversación y descanso, metí al carretoncito algo de nuestras pertenencias, retornando a la finca sano y salvo, pasaron las semanas y al salir de vacaciones los niños, entregamos la casa de San Francisco y la familia completa Nos acomodamos en la finca.

1956:

Al iniciarse el año escolar, había en la finca Las Elviras un profesor encargado de la Escuela Primaria, impartiendo las clases a los hijos de los trabajadores, en vista que la finca quedaba bastante retirada de la carretera, resultaba difícil abordar las camionetas que viajaban a Mazatenango, por ese motivo le solicité al profesor hacerse cargo de la enseñanza de nuestros cinco hijos, mediante el pago de una cuota mensual extra, aparte del sueldo que devengaba en la finca, habiendo aceptado la propuesta, impartía las clases oficiales en la mañana y las particulares por la tarde, durante todo el ciclo escolar. A estas alturas nuestro hijo Daniel contaba con 11 años de edad, desde muy pequeño tenía gran afición por los carros, siempre le encantaba ir a la par del chofer cuando viajaba, algunas veces les pedía le permitieran el timón, como a todos les caía bien, siempre lograba su propósito, así es que cuando me entregaron el jeep para mi servicio, a él le cayó como anillo al dedo, y en un dos por tres ya lo manejaba mejor que yo, y cualquier falla mecánica, pronto la localizaba y hacía lo posible para repararla.

De acuerdo con lo convenido con los señores Andrade, procedimos a instalar la tienda surtida con variada mercadería que comprábamos en Mazatenango al por mayor, tuvimos éxito porque vendíamos a precios favorables y además al crédito, pues todos los artículos que adquirían durante la quincena, la pagaban cuando recibían su salario, también nos llegaban algunos clientes de las pequeñas fincas vecinas.

Cambiando de tema, nuestro buen amigo don Carlos W. Lehnhoff, durante varios años administró la finca Las Nubes, propiedad de la familia Boppel, situada a inmediaciones de El Zambo, por lo que frecuentemente nos reuníamos ambas familias, él estaba casado con Bertha Grotewold y tenían 6 hijos, nuestros hijos eran 5, coincidiendo en las edades, por la que se llevaban bien. Más o menos 2 años antes que nos retiráramos de El Zambo, don Carlos renunció de su cargo en Las Nubes, compró una finquita a inmediaciones de Mazatenango, dedicándose por completo al cultivo de la misma, por lo cercano de nuestras viviendas, continuando nuestras visitas, estrechando la íntima amistad que nos unía, poco tiempo después que nosotros nos trasladáramos a las Elviras, don Carlos nos dio la noticia que el señor Juan C. Luttman, propietario de varias fincas y beneficios de café en el sureste de México, lo contrató para ocupar el cargo de Gerente General y apoderado de los negocios antes mencionados, por tal motivo vendió su finquita de Mazatenango y se marchó con toda su familia, fijando su residencia en la finca Las Maravillas, en el municipio de Tapachula, estado de Chiapas, México. Durante algún tiempo no tuve noticias de ellos.

Volviendo al tema de Las Elviras, el día 2 de febrero se celebró una solemne misa en la propia finca, previamente fueron catequizados los niños hijos de los trabajadores y nuestros hijos Elisa, Rodolfo y Haydeé para recibir la Primera Comunión, resultó una fiesta sumamente alegra y concurrida, se elevaron globos aerostáticos fabricados con papel de china, una marimba, tambor y chirimía amenizaron los actos, a todos los trabajadores les obsequiaron camisas deportivas, tamales pan y chocolate, para concluir, tuvo lugar un bonito espectáculo que organizó un grupo de trabajadores de la finca, consistente en el tradicional Baile de los Mejicanos, esto les llevó varios meses de entrenamiento, los trajes y máscaras fueron alquilados en un establecimiento de Quetzaltenango.

1957:

Los señores Andrade eran magníficas personas, buenos cristianos, siempre compadecidos de la gente pobre a quienes otorgaban buen trato, pero carecían de los más elementales conocimientos relacionados con el cultivo del café, me imagino que compraron la finca como un medio de distracción para pasar sus fines de semana, y desde luego pensarían en un buen negocio, ya que los precios del café eran muy atractivos, pero a su vez necesitaban fuertes inversiones a corto plazo porque la mayor parte de los cafetales eran muy viejos y forzosamente había que renovarlos para aumentar la producción en un término no menos de 4 años, por lo cual bajarían las cosechas durante ese tiempo a consecuencia de la tala de los cafetales viejos, todo esto dio por resultado que al finalizar el año agrícola, las utilidades fueron insignificantes.

Ante este desengaño, principiaron a indagar si aparecía alguna persona interesada en comprar la finca, no tardó mucho tiempo en llegar don Manuel Ralda Ochoa, para inspeccionarla y a la vez indagarse de la producción actual, estado en que se encontraba el beneficio y construcciones en general, a las pocas semanas me informaron que habían hecho el negocio y pronto se haría la entrega. Oportunamente el señor Ralda me entrevistó para informarme que había comprado la finca, preguntándome si deseaba continuar administrándola, siendo sus intenciones acelerar los trabajos de renovación al menor tiempo posible, para lo cual le agradaría mi colaboración. Pocos días después la familia Andrade entregaron la finca y se marcharon definitivamente a la capital, el señor Ralda proporcionó dos camiones de su propiedad para trasladar todos los muebles y pertenencias de la casa, habiéndome comisionado para entregarlos en la residencia de la familia Andrade, por lo que abordé uno de los camiones, llevándome de compañía a mi hijo Daniel y… misión cumplida.

Don Manuel Ralda, era una persona acaudalada, a la vez educado y modesto, poseía 26 fincas con diversos cultivos, pero en su mayoría figuraban las principales haciendas ganaderas, contando con 40,000 cabezas de ganado bovino, era presidente de la compañía Exportadora Guatemalteca de Productos Agrícolas y Ganaderos Sociedad Anónima, (exguapagsa), su casa de habitación estaba situada en El Asintal, departamento de Retalhuleu, dicha casa era muy extensa, teniendo anexo en el mismo edificio, una tienda de abarrotes, una carnicería donde se expendían carnes de res, marrano y sus derivados como chorizos, longanizas chicharrones etc., además una cantina surtida de cervezas y licores, estos negocios los supervisaba su esposa, y en las fincas colaboraban sus hermanos. En Las Elviras se intensificaron todos los trabajos de cultivo y resiembras de cafetos, en una de sus visitas observó que los artículos de nuestra tienda los comprábamos en Mazatenango, espontáneamente nos ofreció que la panela, un artículo de gran demanda, y que él producía en una de sus fincas, nos lo enviaría en uno de sus camiones a precio más bajo y de magnífica calidad, sin cobrar el flete, esta acción nos favoreció grandemente aumentando nuestras ganancias.

Este año inscribimos a nuestros 5 hijos en el colegio La Ilustración de Mazatenango, quedando de internos a cargo de la Directora y Propietaria Profesora Aurelia García de García, los fines de semana los pasaban en la finca.

El 26 de Julio fue asesinado en el interior de la casa Presidencial el Coronel Carlos Castillo Armas, en el momento que se dirigía al comedor para tomar el desayuno. Interinamente ocupó la presidencia de la República el General Guillermo Flores Avendaño.

1958:

El 2 de Marzo tomó posesión de la presidencia de la República el General Miguel Idígoras Fuentes, siendo designado Vicepresidente mi patrón don Manuel Ralda Ochoa.

En el mes de Junio recibí una carta de don Carlos W. Lehnhoff, ofreciéndome la administración de una finca situada en territorio mexicano, me pintaba un panorama alagador: sueldo $3,500, equivalente a Q.250.00 mensuales, un mes de vacaciones anuales, una gratificación al final de la cosecha, un quintal de café de la mejor calidad al año y un vehículo para nuestro servicio, también nos hacía ver que en Tapachula había buenos colegios para los niños. En cuanto recibí la carta se la mostré a mi esposa Elisa, preguntándole que opinaba al respecto, sin pensarlo dos veces, con júbilo me contestó ¡nos vamos!, Ya calmados comentamos detenidamente el contenido de la carta, acordamos contestarle que sí nos interesaba la oferta, estando dispuestos a probar suerte por otros rumbos fuera de nuestra patria. Así lo hice, al siguiente día escribí a don Carlos, manifestándole que sí nos gustaría cambiar de estaca, quedando en espera de la confirmación y fecha de la entrevista con el señor Luttman.

Cuando llegó don Manuel a la finca, le di la noticia enseñándole la carta, él me manifestó que sentía mucho mi retiro, porque estaba satisfecho con el trabajo desempeñado en su propiedad, pero debido a las pequeñas dimensiones de ésta, le era imposible igualar la oferta que me hacían y por otra parte me felicitaba porque no tan fácilmente se presentan oportunidades como ésta, no dudando que tendría un cambio beneficioso para toda la familia, agradecido por la prontitud de haberle informado esta situación, ya que en esa forma le quedaba tiempo suficiente para buscar una persona capaz y de entera confianza para reemplazarme en caso le confirmaba nuestro retiro.

A principio del mes de Julio llegó otra carta de don Carlos, confirmando la entrevista con el señor Luttman, en su oficina situada en la 2ª. Avenida Norte No. 5, Tapachula, teniendo que emprender el viaje un día antes por la mañana, y me esperaría en la frontera de Talismán el C. Antonio Lopezlena, jefe de la oficina, siguiendo al pie de la letra las mencionadas instrucciones, muy de mañana y con los nervios de punta, salí de la finca con rumbo a Mazatenango, para abordar un autobús con destino a la frontera de Talismán, siendo esta la primera vez que viajaba a otro país, llegando a la frontera El Cármen, unas personas me orientaron para que pasara a la oficina de migración y solicitara un pase local hacia Tapachula, ya con el pase en la mano me dirigí a las oficinas mexicanas, encontrándome en la puerta con el Sr. Lopezlena, que se encargó de pasarme, llevándome en su carro Al Hotel Fénix, donde me hospedaron por cuenta de la compañía, más tarde llegó a visitarme el amigo Lehnhoff, conversamos largo y tendido, me informó que Federico Besshe, administrador de la finca El Portillo, estaba por retirarse y antes de buscar substituto, pensó en nosotros, porque con los años de conocernos, sabía de mis capacidades y manera de tratar al personal, era de su agrado, además la confianza que tenía en mi persona para el manejo de los fondos. Todo lo antes dicho se lo comunicó al Sr. Luttman, quien a su vez le indicó que le agradaría conocerme para conversar y tomar impresiones, antes de formular una determinación, habiendo fijado la fecha para nuestra reunión en Tapachula, terminada nuestra conversación, nos despedimos, en el entendido que al día siguiente a las 9 de la mañana llegarían a recogerme al hotel para la ansiada entrevista.

A la hora fijada llegó al hotel el joven Lopezlena para acompañarme a la oficina, nos fuimos a pie porque estaba a corta distancia la casa, don Carlos ya se encontraba allí, después del corto saludo me pasó al despacho de don Juan, hizo las presentaciones y se retiró dejándonos solos, principió el interrogatorio. ¿Qué edad tiene usted? Cuántos años hace que administra fincas cafetaleras?, En qué zonas, altas o bajas?, Y así sucesivamente conversamos por espacio de 3 ½ horas, sobre todas mis actividades, número de hijos, edad de los mismos, etc. Para concluir llegamos a un acuerdo, el cargo que me daría era Administrador General de la Compañía Agrícola El Portillo, municipio de Tuzantán, estado de Chiapas, México, con el sueldo y prestaciones estipuladas en la carta que me envió en el mes de Junio el Gerente General Sr. Carlos W. Lennhoff, además los gastos de transporte, pasaportes e impuestos migratorios, incluyendo los de mi esposa e hijos, la compañía quedaba encargada de la tramitación en la ciudad de México, de los permisos de Gobernación para trabajar en calidad de inmigrante durante los primeros cuatro años, y en adelante la de inmigrado, se fijó la fecha del 22 de Septiembre para presentarme y asumir el cargo. Antes de terminar llamó a don Carlos para enterarlo de lo convenido y así poner punto final a la entrevista. Al salir me invitó don Carlos para almorzar en el Hotel Panamericano, que era el mejor de Tapachula en esa época, conversamos largo y tendido, haciendo alegres comentarios del resultado de la entrevista con don Juan, que dicho sea de paso, me pareció una magnífica persona, muy inteligente y de conversación agradable, con bastos conocimientos sobre el cultivo, maquila y comercialización del café. Por la tarde, terminado el almuerzo, pasó dejándome en el Hotel Fénix, donde pasé la noche y al siguiente día, muy de mañana me llevaron a Talismán, para mi regreso al terruño donde me esperaban con la expectativa del resultado de mi viaje.

La tarde de mi regreso y parte de la noche pasamos con Elisa platicando el resultado del viaje y principiando hacer planes para el futuro, la tarea que nos esperaba no era fácil, solamente disponíamos de escasos dos meses para elegir lo que podríamos llevar, y el resto venderlo, regalarlo o dejarlo en casa y así por el estilo, liquidar las existencias de la tienda, los pollos, gallinas, etc., lo primero que hice fue informar al señor Ralda la confirmación de mi retiro para que eligiera substituto, enseguida averiguar los trámites a seguir para nuestra salida legal de Guatemala, y a la vez continuar los trabajos propios de la finca.

Cuando nacieron nuestros hijos, tuvimos la prevención de sacar buen número de copias de las Actas de Nacimiento en el Registro Civil, en esta ocasión nos sirvieron para sacar los pasaportes y llevar las otras para la inscripción en los colegios de Tapachula, y demás finalidades posteriores. En cuanto a Elisa y el que esto escribe, ambos nacimos en la Antigua Guatemala, por lo que nos llevó mucho tiempo sacar nuestros certificados de nacimiento y pasarlas al Gobernador del departamento de Sacatepéquez, para que declarara auténtica la firma del Registrador Civil de la Antigua Guatemala, seguidamente al Ministro de Gobernación, para autenticar la firma del Gobernador, por último al Ministro de Relaciones Exteriores para autenticar la firma del Ministro de Gobernación. Seguidamente se sacaron los pasaportes en las oficinas de Migración en Guatemala, pasándolos al Consulado Mexicano para la correspondiente Visa.

A todos nuestros clientes de pollos y huevos se les avisó que al terminarse las existencias, dejaríamos de surtirles los productos, agradeciendo el tiempo que nos favorecieron con sus compras. Todas las gallinas ponedoras las vendimos rápidamente. Los utensilios y enseres que nos llevaríamos, los empacamos en cajas de cartón y de madera, debidamente numeradas, con una lista del contenido en cada una, la lista general fue presentada en triplicado al Cónsul de México en Guatemala, para que la aprobara con su firma y sello respectivo, con el objeto de presentarlas en la aduana de Talismán al pasar la frontera, como dato curioso, cuando le presenté la lista al Cónsul, me dijo ¿por qué se va a Chiapas?, Es el peor estado de México, mas le convendría irse a Guadalajara o a Monterrey, yo a mi vez le respondí: mi profesión es la cafeticultura, siendo Chiapas donde se cultiva el café en mayor escala y para esa zona me contrataron. Muy bien, le deseo buen viaje y mucho éxito.

En San Francisco Zapotitlán, teníamos amistad con Julio Morales Ricci y su esposa, su casa estaba enfrente del parque con una tienda que atendía ella y un camión de transporte de carga manejado por él, una tarde los visitamos y les informamos de nuestro traslado a México, él nos alentó confiando que tendríamos éxito, siendo conocedor del ambiente, por haber vivido tres años en tierras mejicanas, le preguntamos si podría llevar a la frontera nuestras pertenencias y nos dijo que no había ningún inconveniente, estuvimos de acuerdo en el precio del viaje, únicamente quedaba pendiente la fecha, porque a mediados de Septiembre nos iríamos únicamente los dos, para tomar posesión del cargo, quedando pendiente el traslado de los 5 niños hasta que llegara de México el permiso de Gobernación, y a la vez que terminara el ciclo escolar. Durante la conversación salió a colación el negocio de los pollos y nos dijo que le interesaban los pollos pequeños, que no llegaban a la edad de sacrificarlos, se los vendimos, así mismo nos compró los vevederos y comederos, como no le interesaron la incubadora y la criadora, se las obsequiamos por si más adelante la quisiera usar.

Entre tanto, don Manuel Ralda me puso en conocimiento que ya tenía mi substituto, se trataba de un hermano suyo, nos presentó y a partir de ese día llegaba 3 o 4 veces a la semana para familiarizarse con los trabajos de la temporada, conocer al personal y trabajadores de campo, por último el 10 de Septiembre entregué la administración despidiéndome de todos los amigos de la región, quedando guardadas nuestras chivas en una habitación de la finca, los niños quedaron internados en el colegio de Mazatenango. En compañía de Elisa nos fuimos a la Antigua, para sacar los pasaportes, visas y demás hierbas, el 22 de Septiembre nos despedimos de la parentela, marchándonos a tierras mejicanas para tomar posesión de la chamba en la finca El Portillo, donde permanecíamos solos hasta el 18 de Octubre, que regresamos a Guatemala para la despedida final, recoger nuestras pertenencias que habían quedado en Las Elviras y los 5 vástagos que ya habían terminado el año escolar, regresando el 27 de Octubre con toda la familia en un jeep de Julio Morales Ricci y en el camión las 24 cajas con nuestro menaje de casa. Al llegar a la frontera, del lado de Guatemala, no hubo ningún atraso, pero del lado de México, el jefe de migración en Talismán, Héctor Lázaro Martínez, muy serio, desabrido y de pocas palabras, tomó los papeles que nos dieron en el Consulado de México en Guatemala y se puso a leerlos y releerlos, al fin de las cansadas, señalando con el dedo un renglón, me dio el papel diciéndome: aquí le falto al Cónsul de México, que anote lo que hace falta. Salí de la oficina para decirle a Julio que me llevara en el jeep a Malacatán, pero tras de mí salieron de la oficina un par de empleados de migración y pronto me abordaron diciéndome ¡vea señor!, para evitarse el viaje hasta Malacatán, ofrézcale un camarón al jefe, y verá que todo se arregla, a mi vez les dije, por mi parte no tengo inconveniente en ir a Malacatán, ellos insistieron: usted lo decide, pero fíjese que el tiempo pasa y ya se está haciendo tarde, llévese de nuestro consejo y verá que pronto quedará todo solucionado. La verdad, es que yo no tenía idea de cuánto le podía ofrecer, solamente recordaba que en Guatemala, cuando circulaba la antigua moneda, antes del Quetzal, le llamaban camarón a los billetes de $100, que eran de color rojo, así es que tomé un billete mexicano de $100, entré a la oficina y en voz baja le dije al mal encarado jefe: señor, como vengo acompañado de mi esposa y 5 niños, le suplico de ser posible, que aquí se arreglara la anomalía del papel que extendió el Cónsul!, Coloqué sigilosamente sobre el escritorio el billete, él abrió disimuladamente la gaveta y metió el camarón. Es increíble el repentino cambio del jefe, muy sonriente me dijo: como una excepción, por sus niños que deben estar cansados, vamos a arreglar aquí sus papeles; Haydeé, de 9 años de edad, había permanecido desde que llegamos a la oficina, parada entre las piernas de su mamá y el jefe la había ignorado, pero ya con el camarón dentro del escritorio se acercó y con toda amabilidad le dice a mi esposa, señora, la niña debe estar cansada, acuéstela en el sofá, si desean algún alimento, al lado hay un hotel donde pueden servirlos, y enseguida pasen por favor a la Aduana, como dice el dicho ¡Jodidos y Agradecidos!, Le dimos las gracias por tanta amabilidad de su parte y nos despedimos.

¡De Herodes a Pilatos! , Al salir de migración, vimos a Antonio Lópezlena, que llegó a encontrarnos, lo acompañaba un camión de la finca Las Maravillas, manejado por el chofer Lucas Vielman, para el transporte de nuestro menaje a la finca El Portillo, primero teníamos que pasar a la Aduana para la respectiva revisión, le entregué al Vista la relación del contenido de las 24 cajas, tomó las listas y se acercó al camión para echar una ojeada, entro a la oficina del administrador y pronto volvieron los dos, al ver el Administrador los dos camiones, uno cargado y el otro vacío para traspasar las cajas, me dice: ¡Es mucho lo que usted trae!, Por lo menos nos llevará tres días su revisión, porque estamos atestados de trabajo , y se retiró a su despacho, de pronto Lopezlena se me acercó diciéndome: Indudablemente lo que quieren es una mordida, ofrézcales un camarón a ver qué pasa, con la experiencia de Migración, pronto saqué de la billetera otro billete de $100, metiéndolo dentro de los papeles, entré al despacho del administrador diciéndole: Señor, le suplico me haga el favor de ordenar la pronta revisión de mis pertenencias, por tener que llegar hoy mismo a mi destino, a la vez le entregué nuevamente los papeles, los tomó y viendo la cola del camarón que aparecía dentro de los mismos, los colocó sobre el escritorio para releerlos, con mucha práctica sacó el billete, deslizándolo dentro de la gaveta diciéndome: sígame por favor, quiero ver de nuevo lo que trae ¿Cuántas cajas son?, 24 le repuse, vienen todas numeradas, y cada una trae la lista de su contenido, está bien ¡qué pasen los ayudantes de los camiones!, La caja número uno?, Los ayudantes del camión de Julio la bajaron colocándola en el suelo. ¡Correcto!, Dijo el aduanero, yo me acerqué esperando que la abriera, pero no fue así, solamente dio una mirada superficial y continuó. ¡Que pase!; dirigiéndose a los ayudantes, les ordenó ¡ahora la siguiente!, Píquenle, porque se hace tarde, a su vez los ayudantes del camión de maravillas principiaron a subir las cajas al suyo, quedando terminado el traslado de un camión al otro en un santiamén, sin abrir ni una sola para ver su contenido. El administrador me dice: bueno señor, está usted servido, pueden pasar, ¡buen viaje!.

Nos despedimos de Julio, y nos trasladamos a Tapachula en el carro de Lopezlena, al llegar a la oficina nos esperaba don Carlos Lehnhoff, conduciéndonos en su camionetilla a la finca Maravillas, allí dormimos y al siguiente día nos llevaron a El Portillo.