Philip Mullins

Guatemala: Segunda Década

1920:

Después de 22 años de gobernar el país fue derrocado el Presidente de la República Dr. en Leyes, Manuel Estrada Cabrera, previa sangrienta lucha en la que tomaron parte personas de todas clases sociales de ambos sexos, entre ellas muchos niños que combatían en las calles de la ciudad contra el ejército que en su mayoría estaba compuesto por soldados indígenas originarios de Momostenango, a quienes llamaban “Los Momostecos”.

En el parque Central de Antigua presencié al niño de 14 o 15 años de edad Juan Méndez, que armado con un fusil y amparado por los pilares del Palacio, disparaba contra los soldados, así mismo en la casa donde yo residía, cuarta calle Oriente, frente a las ruinas de Concepción, fue abatido un soldado por una bala que le atravesó el cráneo, quedando incrustada la bala en la puerta de la casa. Fue formado un cuerpo de enfermeras voluntarias para colaborar con la Cruz Roja, entre las novatas enfermeras se encontraba la jovencita Blanca Arzú Matheu, cuñada de don Pedro G. Cofiño. Al ingresar al puesto de emergencia, instalado en casa del Licenciado Juan José Pellecer, 5ª. Av. Y 4ª. Calle, un combatiente herido, le correspondió atenderlo, a la citada jovencita, quien al ver al herido con la cara destrozada, se desmayó y tuvieron que atenderla antes que al combatiente. El 8 de Abril se rindió Cabrera, quedando prisionero, nombraron como Presidente a don Carlos Herrera.

1921:

A principios de este año falleció mi abuelo Juan, siendo enterrado en un nicho del Cementerio de la Antigua; mamá desempeñaba el cargo de Directora de la escuela rural de San Juan Gascón, y mi hermana Amalia, era la profesora de la misma. A finales del año renunciaron y nos trasladamos mamá, Marta, Amalia y Yo al centro de la Antigua para vivir, en casa de doña Isabel Bethancourt, frente al Parque La Unión. Ignoro por qué motivo se separaron mis padres y nunca más se volvieron a comunicar, muy esporádicamente me visitaba mi padre, al principio en la escuela y años posteriores en los lugares donde yo trabajaba, años después de la separación, se casó con la señora María Gordiano, ya menos nos relacionábamos y por último supe que había fallecido.

Este mismo año hice mi primera comunión en la capilla del Asilo Santa Familia, en donde asistí varios meses para aprender el catecismo, recibiendo las clases de doctrina por las tardes, los tres días anteriores a la primera Comunión, los pasábamos en retiro dentro del Asilo, sin salir a la calle, siendo nuestra misión, rezar y repasar el catecismo, todo el día.

Semanas más tarde entré a formar parte de un grupo de acólitos en la Catedral, siendo mis compañeros inseparables Porfirio Granados (a) El Zope, Ernesto Juárez (El bolovique), Carlos Mayren (Balazos), Guillermo Jiménez (Boliche) y Eduardo González (Guayo Corona), a mí me apodaron “El Chancletín”. Los seis formábamos un grupo a “pandilla”, que nos convertimos en amos y señores de toda la Catedral, incluyendo el Campanario y las ruinas, no permitíamos el ingreso de otros patojos, contando siempre con el apoyo del Sacristán Julio Rodríguez. Como yo gozaba de mayor confianza, me asignaron el cargo de tocar la campana mayor todos los días a las doce y a las seis de la tarde, por este trabajo, me pagaban veinte reales a la semana, o sean 2 ½ pesos, también estaba a mi cargo, manejar el fuelle del órgano, todos los días en la misa de 6 de la mañana, este trabajo consistía en mover para adelante y para atrás una palanca de más de un metro de largo, que accionaba el fuelle para que sonara el órgano, el músico de la Catedral, Sr. Eduardo Monzón, supuestamente me pagaría un peso por cada misa, pero es el caso que pasaron los días y las semanas y no le miraba el cacho al bendito sueldo, por lo que me retiré de la chamba, más tarde a pujidos me fue liquidando la deuda que eran treinta pesos, pero ya no regresé al trabajo.

Este mismo año, por ser el centenario de la independencia de Centro América, organizaron en el colegio varios actos culturales, entre ellos una velada Lírico-Literaria, en el teatro Municipal, en la que fui seleccionado para actuar como comparsa en la comedia musical “Caballero de Gracia”, siendo actor principal, mi compañero de grado Abraham Pérez (a) Perruco. A cinco escuelas principales de la Antigua les asignaron la representación de cada una de las Naciones de Centro América, para dicho fin designaron una casa diferente para los actos desarrollados en cada representación Centro Americana, a mi escuela le asignaron representar a Costa Rica, me correspondió tomar parte en el coro que entonó el Himno de esa nación en la casa situada en la esquina de la sexta Avenida y Tercera calle, propiedad de la señora Clara Duran Mollinedo vda. De Matheu, sobrina en segundo grado de mamá.

Durante el primer mes de vacaciones escolares, entré como aprendiz en la sastrería de Pedro Sicán Ch. Consistiendo el aprendizaje en pegar botones, hacer ojales y practicar puntadas a mano en un pedazo de tela, esta chamba no me agradó, el siguiente mes lo pasé en la carpintería de don Miguel Giorgis, ubicada en la esquina opuesta a la Iglesia del Hospital, frente al parque la Unión.
El 5 de Diciembre fue derrocado el Presidente Carlos Herrera, por un cuartelazo, encabezado por el General José María Orellana, que tomó posesión de la Presidencia el 6 de Diciembre.

1922:

A principio del citado año, mamá es nombrada Inspectora en el Instituto Normal para Señoritas de la Antigua, siendo directora del plantel, la Profesora María Barbier de Corzo, mi hermana Marta, ingresa a la Academia Singer, recibiendo cursos de bordado a máquina, corte y confección de vestidos, por espacio de dos años, recibiendo al final su correspondiente Diploma. Yo cambio de escuela, inscribiéndome en el Instituto Normal para Varones, bajo la dirección del Profesor Adolfo Vides Urrutia, terminado el año escolar, pasé las vacaciones en calidad de aprendiz en la Imprenta Pablo R. Torres, sin abandonar la Catedral, donde continuaba acolitando y de campanero.

Antes del derrocamiento del Presidente Estrada Cabrera, fungía como Jefe Político del Departamento de Sacatepéquez el General José Barrios (a) Chaqueta Cuta, este señor verdaderamente era un tirano y extremadamente abusivo, todo lo que le gustaba ordenaba, se lo llevaron al Palacio de los Capitanes Generales, donde residía sin pagar el valor; en una ocasión, entró a la Farmacia Muñoz, situada en la esquina opuesta al Palacio, sacando su pañuelo se lo mostró a un empleado de mostrador para que lo oliera y le dijo: Dame un perfume como éste, se trataba de un fino perfume francés, lo introdujo en la bolsa, y se largó sin pagarlo. En otra oportunidad, don Francisco Pérez, hombre acaudalado y temido por su valentía, era propietario de un magnífico caballo, en el que frecuentemente salía a pasear por las calles de la ciudad, desafortunadamente “Chaqueta Cuta”, se enamora del caballo y manda un recado a casa de don francisco, diciendo que le enviara la bestia porque le gustaba, el señor Pérez contestó, que su caballo jamás saldría de su casa vendido y menos regalado. Al siguiente día llegan a la casa dos soldados diciendo: de orden del general venimos a que nos entreguen el caballo. Don Francisco reacciona pronto y los entra hasta la caballeriza, saca su pistola y les dice: díganle al general que donde Francisco Pérez pone el culo, no lo pone nadie más, inmediatamente dispara el arma, acertando una bala en la cabeza del semoviente que muere instantáneamente, les ordena a los espantados soldados “Ahora llévenselo al General”.

Pasando a otro tema, entre mis atribuciones diarias tenía que ir todas las mañanas a comprar el pan en la panadería de doña Mercedes Ortíz vda. De Gordillo, frente a la Chichería “El Palomar”, actualmente “Hotel Aurora”, mi gran problema era que me daban una canasta y servilleta para el pan y en el trayecto tenía que pasar por la esquina de la Normal de Señoritas, por lo que debía levantarme muy temprano para que no me vieran las patojas que entraban a las siete, pues me avergonzaba que me vieran con la bendita canasta.

1923:

Terminando el ciclo escolar, la ilusión de mi vida era ser Chofer, pero en el “Garaje Nuevo”, propiedad de don Pedro G. Cofiño, nos manifestaron que para aceptarme como aprendiz, era indispensable aprender antes la mecánica, en compañía de mamá fuimos al taller mecánico del Sr. Alberto Martínez, me aceptaron, pero solamente aguanté dos semanas, no me agradó el trabajo que consistía en la fragua y con una gran tenaza, sostener sobre el yunque los hierros candentes que el maestro forjaba a martillazos, lo que provocaba una lluvia de chispas que me caían en la cabeza y brazos, quedando mal librado con las quemaduras.

A mediados del mes de noviembre, entro en forma definitiva a la imprenta Pablo R. Torres; donde era jefe de talleres el joven Eduardo Hurtarte, poco más o menos de veintiséis a veintiocho años de edad, también trabajaban Enrique González y J. Luis Urrutia, además un muchacho de Chimaltenango cuyo nombre no recuerdo, pero sí de su apodo “El Mirapalgote”. Una semana después de mi ingreso, llegó también como aprendiz otro mi contemporáneo J. Domingo Méndez Santas, que trabajó en este taller más de sesenta años; lo trataron como miembro de la familia, le celebraron sus bodas de plata y de oro; por fin murió, ¡qué aguante!.

Los talleres estaban en la misma casa de habitación de don Pablo, vivía con su esposa doña María Estrada y sus tres hijas: María Luisa, Rosa y Matilde; las tres conocían las artes gráficas y trabajaban como cajistas o correctoras de pruebas cuando era necesario; don Pablo era muy estricto y siempre nos exigía puntualidad, orden y aseo en el trabajo, tenía un vocabulario de arriero, era completamente sordo, pero si uno le hablaba muy fuerte nos decía: no me grités hijo de la gran p…, era muy generoso, cada vez que se celebraba alguna fiesta religiosa, o llegaba algún circo a la cuidad, nos obsequiaba dinero diciéndonos “tomá para tu corpus o para tu circo” y largate luego al carajo porque me vas a dejar sin pisto. Me parece que para probarnos, con frecuencia aparecía dinero tirado en el piso o sobre alguna mesa, pero nadie lo tomaba, siempre el que lo encontraba lo entregaba al patrón.

Cambiando de tema, a finales de este año ocurrió un suceso político que conmovió a todo el país: en el municipio de San Lucas Sacatepequez, las autoridades descubrieron un complot encabezado por el individuo Eleuterio Aspuac, cuyo objetivo era derrocar al Presidente de la República General José María Orellana; hubo muchos detenidos y después de las investigaciones, resultaron diez culpables a quienes se les formuló consejo de guerra, siendo sentenciados a muerte; de los cuales seis fueron fusilados en San Lucas, entre ellos el cabecilla Aspuac; los cuatro restantes se encontraban detenidos en la cárcel de Antigua Guatemala. Habían transcurrido varias semanas del fusilamiento de los primeros, cuando corrió la noticia que los cuatro reos restantes serían fusilados a inmediaciones del cementerio de Antigua. Por fin llegó el día esperado y se fue congregando la muchedumbre en el parque central; al toque de corneta principió a desfilar buen número de soldados al mando del Capitán Ochaita, llevando en el centro los cuatro delincuentes, con los brazos atados a la espalda con sendos lazos; por supuesto yo no perdía ni un detalle del acontecimiento. La tropa salió del Palacio del Ayuntamiento, lugar donde se encontraba la cárcel, dobló en la quinta avenida, llegando a la quinta calle, hasta una cuadra antes de llegar al cementerio, donde nuevamente dobló hacia el sur hasta las ruinas de espíritu santo. Contra la pared del frente de la iglesia, habían colocado cuatro bancos de madera con un espacio entre sí de más o menos dos metros; luego frente a cada banco colocaron de pie a los reos; seguidamente el secretario del tribunal militar dio lectura a los principales pasajes del proceso y la sentencia respectiva; finalizando la lectura se dirigió al público diciendo: “si alguien manifiesta su inconformidad con la sentencia o intercediere a favor de los reos, será considerado cómplice de los mismos y juzgado por ese delito” silencio profundo! …, Previamente la tropa se había formado en cuadro, dejando libre suficiente espacio a efecto que la gente no estorbara las maniobras consiguientes. Seguidamente vendaron los ojos a los reos, los sentaron cada uno en su banco, un pelotón de soldados se formó enfrente en dos filas, los primeros hincados y los segundos de pie; el reo Daniel Escobar se puso de pie inmediatamente y quitándose la venda de los ojos exclamó: “quiero que me maten parado y sin venda” ¡muero por la patria!. Seguidamente se escuchó la fatídica orden “¡Atención…, Apunten…, Fuego!”; los tres que estaban sentados cayeron de frente, con las manchas de sangre marcadas en el pecho, Escobar al impacto de las balas, dio media vuelta en redondo y cayó de lado; acto seguido el mismo oficial militar desenfundó su revólver y acercándose a los ejecutados a cada uno le disparó un tiro en la sien, o sea el tiro de gracia; pronto apareció un médico y fue examinándolos uno por uno, para cerciorarse que no presentaran señales de vida, y es el caso que Escobar aún vivía, por lo que llamaron un soldado, ordenándole que disparara con su fusil; así lo hizo, le acercó el cañón de su arma a la cabeza y disparó; el impacto destrozó completamente un lado de la cara y volaron los sesos, quedando pegados en la pared de las ruinas del templo del espíritu santo. A continuación llegó un carretón tirado por mulas, conteniendo los cuatro rústicos ataúdes y entre dos hombre fueron depositando los cadáveres; Al legar al último que era el de Escobar, después de colocarlo dentro del ataúd, procedió Julio, el cochero del carretón del hospital, a recoger los sesos y demás residuos del destrozado rostro del difunto; se limpió las manos en el pantalón, se encaramó al carretón, partiendo hacia el cementerio, y así todo concluyó.

1924:

Mamá renuncia al cargo de inspectora del Instituto Normal de Señoritas, por motivo de ser un trabajo muy sacrificado, trabajaba todo el día y además tenía que dormir en el establecimiento para vigilar a las alumnas internas; antes de renunciar, había solicitado la Dirección de la Escuela Primaria del Municipio de San Juan del Obispo; en Enero de 1924 recibe el nombramiento de Directora y mi hermana Amalia, profesora de la misma escuela, todas las mañanas hacían el viaje a pie y regresaban por la tarde.

El 25 de Julio, fue una fecha histórica, se celebraba el 4° Centenario de la fundación de Santiago de los Caballeros, hecho ocurrido el 25 de Julio de 1524. En Iximché, capital de los Cackchiqueles.

Tres años mas tarde fue trasladada al Valle de Almolonga (actual Ciudad Vieja), pero a causa de las inundaciones provocadas por el desborde de las aguas acumuladas en el Cráter del Volcán de Agua, fue mudada al Valle de Panchoy (Antigua) en 1543. Un terremoto llamado de Santa Marta, la destruyó el 29 de Julio de 1773, y fue reconstruida en el lugar que hoy ocupa, Valle de la Ermita. Fue convertida en capital en 1779 con el nombre de Guatemala de la Asunción.

El parque Central fue remodelado, pavimentando sus calles con ladrillos de cemento, ya que el piso era de tierra; como dato curioso: los albañiles antigueños no tenían práctica en la colocación de los ladrillos en líneas curvas; los partían en pequeñas partes para darle forma a las esquinas curvadas, por ese motivo contrataron albañiles de Mixco, encabezados por el maestro albañil Faustino Ibañiz, que finalizando esa obra, se quedó viviendo definitivamente en la Antigua; trabajando en la fábrica de mosaicos El Aguila, propiedad de los hermanos Arturo y José Matheu Durán.

El referido parque fue dotado de bancas de cemento, alumbrado por faroles estilo coloniales, sobre postes de hierro. En el centro existía un Kiosco donde todos los Lunes había conciertos de Marimba; los jueves de 8 a 10 p.m. y los Domingos de 4 a 6 de la tarde, los conciertos eran ejecutados por la Banda de la ciudad. Durante la remodelación, fue demolido el kiosco; descubriéndose que lo habían construido sobre la hermosa fuente colonial denominada de “Santa Cecilia”, encontrándose bien conservada; actualmente se puede apreciar su belleza, estando iluminada por reflectores colocados bajo del agua, instalados por la compañía Philips, que obsequió todo el material y mano de obra. A principios del siglo el parque se encontraba rodeado por viejos árboles de gravilea; más tarde los talaron y plantaron jacarandas, que en primavera se cubrían de flores de color morado lila y por último fueron derribadas para plantar los árboles de perote que en la actualidad existen. En esa época fungía como Jefe Político (Gobernador) Departamental, el General Carlos Jurado; persona muy querida y de gratos recuerdos por su respeto a los ciudadanos y magnífica actuación como gobernante; secundado por el Alcalde de la ciudad don Lisandro Díaz; hombre honrado y honesto; padre de mis compañeros y amigos: Julio, Rafael, Abraham, Lisandro, y Ricardo.

El Presidente de la República era el General de División José María Orellana, alías “Rapadura”, por el color moreno de su piel; a este gobernante se debe el cambio de la moneda antigua, que eran los devaluados pesos, implantando el Quetzal; unidad monetaria de gran solidez, que por muchas décadas mantuvo la paridad de dólar, quedando el Banco Central de Guatemala como único emisor, pues anteriormente muchos bancos emitían su propia moneda; estando legalizada su circulación; aún me recuerdo de los billetes del Banco de Occidente; del Banco Colombiano y del Banco Internacional. Durante los primeros años de establecerse el Quetzal, circularon monedas de cobre de medio centavo, de plata con valor de cincuenta centavos, billetes de Q.2.00 y monedas de oro de Q.5, 10, y 20; ya todas desaparecieron, por lo que las nuevas generaciones no las conocieron. El Presidente Orellana era un hombre campechano, tuvo mucho cariño a la Antigua y en muchas ocasiones se mezclaba con el pueblo; lo recuerdo en dos oportunidades que asistió a bailes celebrados en el Teatro Municipal ubicado en la Universidad de San Carlos Borromeo; hoy Museo Colonial; en ambos bailes me dieron chamba, en compañía de mi amigo Enrique Gonzalez “Chebo Cola”, como encargados del guarda ropa para hombres; unos militares nos entregaron la capa y gorra militar del señor Presidente, yo me las coloqué dando unas vueltas en el salón con las prendas puestas, provocando la risa de mi compañero. Por supuesto a esos bailes asistía lo más granado de la sociedad antigüeña; había una muchacha de 18 a 20 años de edad Romelia Vielman Coronado “ La Chicota”, por su estatura bastante alta y espigada, pero creída y petulante; cuando asistía a una fiesta, eran escasos los muchachos que bailaban con ella, por lo que la mayor parte de tiempo la pasaba sentada; pero es el caso que en los dos bailes que asistió el presidente Orellana, la Chicota, fue su primer pareja, causando beneplácito en ella y envidia entre las demás asistentes.

1925:

En este año, yo dominaba las artes gráficas, conociendo perfectamente los trabajos de imprenta en la localidad; tales como prensista, que consiste en la impresión a máquina; y cajista, en la elaboración de los moldes a mano.

El 16 de Febrero cumplí 15 años de edad; de acuerdo con la costumbre de la época, dejé de usar los pantalones cortos que llegaban a la rodilla; así como las medias largas que se sujetaban con una atadera de elástico arriba de la rodilla; el adolescente ya se sentía todo un hombre, pues como complemento del pantalón largo, venía la camisa de manga larga, corbata y tacuche.

El presidente Orellana era propietario de la finca Los Aposentos, ubicada en el departamento de Chimaltenango, cerca del Tejar; para acortar distancias, mandó construir una carretera que enlazaba las localidades de Parramos, San Luis de las Carretas, Pastores, Jocotenango y la Antigua Guatemala; para inaugurar esta carretera, asistió el presidente acompañado por su gabinete y altas personalidades del gobierno; el remate de los festejos tuvo lugar en el Hotel Manchén, ahora convertido en la casa cuna “Elisa Martínez”, fundada por la esposa del Presidente de la República Dr. Juan José Arévalo, cuyo nombre era Elisa Martínez de Arévalo, de nacionalidad Argentina. Para cubrir la información de este evento llegó como camarógrafo don Carlos Matheu; como yo no podía faltar en ningún suceso importante, no sé como resulté de cargador de la cámara cinematográfica, del señor Matheu, la cual iba montada en un trípode; lo cierto del caso es que no perdí detalle de toda la celebración y algo logré de las golosinas y bebidas repartidas abundantemente en el hotel, además de lo que me pagaron por el servicio de cargador de la cámara. Siempre traté de ganar algunas extras, aparte del trabajo en la imprenta; el propietario don Pablo, tenía muchos libros usados, principalmente novelas bien conservadas, me los daba para venderlos por las tardes, después de la salida del trabajo, recorro la ciudad ofreciéndolos casa por casa, vendiendo regular cantidad y percibo mi comisión. Casi todo el salario que ganaba en la imprenta, lo destinaba para ayudar en los gastos de la casa; y las extras percibidas en otras actividades las destinaba para mis diversiones y golosinas.

Se inicia la era de la radiodifusión; las primeras personas que en la Antigua, fueron poseedoras de aparatos de Radio son: el señor Alberto Oribe y el Presbítero Eugenio Novi, párroco de la Escuela de Cristo; los artefactos eran unas cajas rectangulares, que contenían 2,4 o 6 audífonos cada una; las personas que desearan escuchar la transmisión, tenían que colocarse un par de los mencionados audífonos, pues de lo contrario, no se escuchaba absolutamente nada. Con este primitivo sistema, los vecinos vivían muy tranquilos y dormían plácidamente…. ¡ Lástima que los adelantos de la era moderna, nos obliguen a oír lo que no deseamos!.

La casa donde vivíamos era muy grande, nosotros alquilábamos dos habitaciones; otras dos, una familia de San Martín Jilotepeque, y el resto lo ocupaban los propietarios Sr. Joaquín Arroyave con sus hijas María y Rebeca; el reglamento era muy estricto; a las 9 de la noche ponían la aldaba y una tranca en el portón del zaguán y nadie entraba ni salía a la calle; aunque tocaran repetidas veces la puerta, no había quien se atreviera a abrirla. En algunas ocasiones se me pasaba la hora de llegar a casa por motivo de haber entrado al cine a ver alguna buena película; como carecía de fondos para pagar la entrada, aprovechaba la amistad que tenía con los marimbistas que amenizaban el cine mudo de la época; unas veces Manuel Silva que tocaba la batería, u otras Manuel Samayoa que ejecutaba el violón, me daban una punta del instrumento para entrarlo al salón, y en esa forma miraba gratis la película, o mejor dicho, parte de ella; la función principiaba a las 8; para que no me cerraran la puerta de la casa, me salía del cine antes de las 9. Cuando se me pasaba la hora, salía disparado en busca de Julio el Sacristán, que todas las noches se encontraba tomando chocolate en la fresquería El Infiernito; le contaba mi tragedia y él inmediatamente me entregaba las llaves de la Catedral, donde pasaba toda la noche, sin más compañía que los Santos de la iglesia y las ánimas del Purgatorio que se encontraban en la sacristía acostado sobre una alfombra enrollada, me dormía plácidamente, hasta las 5 ½ de la mañana, hora en que llegaba Julio.

1926:

El inventor Escocés John Logie Baird, produce las primeras imágenes de televisión.

En una casa de dos pisos situada enfrente de la Imprenta Torres vivía don Mario Divizza de Monteforte, padre del escritor Mario Monteforte Toledo; siendo este último un año menor que yo. El señor de Monteforte era filatelista y frecuentemente llegaba a la imprenta portando estampillas postales nuevas, tintas de imprenta de diversos colores y pequeñas marquitas para que se imprimieran sobre determinado lugar de los sellos; este trabajo era sumamente laborioso y delicado, el que lo efectuaba se ponía nervioso por la presencia tan cercana del señor de Monteforte que se colocaba de pié al lado de uno, diciendo en voz alta: Tenga mucho cuidado con este sello porque son piezas muy escasas y valiosas” etc., a nadie nos agradaba ejecutar esos trabajos, pero ¡ ni modo!, Tenía que hacerlo el que fuera nombrado. El señor de Monteforte se hacía llamar “El Conde”; era un hombre de regular estatura, delgado y sumamente pálido, constantemente se le veía nervioso, por el temblor de las manos, dando la impresión de ser morfinómano.

El día 26 de septiembre llegó a la Antigua, el presidente Orellana, hospedándose en el hotel Manchen; el día siguiente muy temprano, corrió la noticia que el señor presidente había sufrido un ataque fulminante de angina de pecho, por lo que sumamente grave lo trasladaron inmediatamente a la capital, falleciendo en el camino; (este fue el informe oficial); pero las malas lenguas decían que el presidente murió envenenado en la cena del referido hotel, falleciendo allí mismo, siendo trasladado sigilosamente el cadáver a la capital, dando la impresión que aún estaba con vida, para evitar un escándalo político. Asumió la presidencia el 1er. Designado General Lázaro Chacón.

Ese día mi hermana Amalia, de 20 años de edad, fue víctima de un ataque de Tifoidea, siendo atendida por el doctor Jorge E. Alvarado, joven Quetzalteco, recién llegado a la Antigua con fama de ser muy buen médico; quien luchó por espacio de 18 días tratando de sanar la enfermedad, lo que no fue posible, principalmente por carecer en esa época de los antibióticos que existen actualmente. El tratamiento además de las medicinas, consistía principalmente en aplicar bolsas con hielo para bajar la temperatura, que en ciertos días sobre pasaba 41 grados centígrados; en la Antigua no había fábrica de hielo había que llevarlo de Escuintla; cuando lo supo tío Fernando que radicaba en la Capital, envió un quintal de hielo, pero todo fue en vano, ya que el médico había manifestado que si sobrepasaba 21 días de enfermedad; la que hacía crisis cada 7 días; había posibilidades de curación; pero desgraciadamente falleció a los 18 días de haber principiado, es decir, a solo 3 días para completar los 21, que había manifestado el médico para su posible salvación.

1927:

Primer gran éxito del cine hablado, con la película Estadounidense El cantante del Jazz.

A estas alturas ya había desaparecido el grupo de acólitos de la Catedral: Ernesto Juárez (bolobique) que era el más robusto, no sé qué enfermedad lo atacó y murió en plena adolescencia; Porfirio (el zope); Eduardo (corona) y Carlos (balazos), se trasladaron a la Capital para estudiar música en la Escuela de Sustitutos, habiéndose graduado el primero en flautista, ingresando a la Banda Municipal de Antigua, llegando años posteriores a ocupar el puesto de músico mayor; el segundo en bateriista, ingresando a la misma banda, pero no tardó muchos años por haber fallecido siendo aún joven; y por último el tercero se convirtió en un gran ejecutor del contrabajo (violón), siendo muy solicitado por los mejores conjuntos marimbísticos de la Antigua y de la Capital.

Vivía en Antigua un muchacho de origen humilde José Marroquín alias Chuchumas, siendo muy popular, debido a su carácter alegre y servicial; era de oficio lustrador de zapatos, teniendo instalada una sala de lustre bien equipada en la principal calle comercial de la ciudad, 5ª. Avenida Norte, a inmediaciones del Parque Central; al principio instaló en el interior de la sala, dos pequeñas vitrinas pendientes de la pared, las que contenían algunos pares de calcetines, pañuelos y corbatas; más tarde colocó 2 o 3 camisas; era muy ahorrativo, honrado y sin vicios. Alguien le insinuó que pusiera una tienda; teniendo sus ahorros y buenas relaciones, adquirió un crédito, alquiló un local grande enfrente a donde tenía la sala de lustre, abriendo la tienda con el nombre de Bazar Marroquín; en tiempo relativamente corto llegó a ser una de las más grandes tiendas de la ciudad, surtida con mercadería importada directamente de sus lugares de origen: perfumería Francesa, juguetería fina de Alemania y buen surtido de ropa, telas y artículos varios; todo atendido por él y 2 hermanas. Debido a la amistad que teníamos, me contrató juntamente con mi amigo Guillermo Jiménez (boliche), para que armáramos una cantidad de automovilitos de pedales que le llegaron de Alemania; el trabajo quedó perfecto y nos ganamos algunos Quetzales. Adelantando los acontecimientos, quiero dejar constancia del final del Bazar Marroquín: A raíz de la depresión mundial de los años 1929/30, lentamente fue acabándose la mercadería, hasta terminar con la estantería llena de cajas vacías, hasta que definitivamente quebró y el pobre Chuchumas se fue a vivir a la capital.

1928:

El bacteriólogo escocés Alexander Fléming, descubrirá la capacidad antibiótica de la Penicilina. En 1940 Howard Florey y E.B. Chain lograron aislar la penicilina en su laboratorio de Oxford, demostraron que efectivamente tenía una acción bactericida y comprobaron que podía administrarse sin peligro alguno por la vía oral, mediante inyecciones o directamente sobre las heridas en forma de polvo. Los tres científicos obtuvieron el premio Nobel en 1945 por ese trabajo.

A principios de este año, y después de laborar cinco años en la imprenta Torres, me propusieron trabajar en uno de los dos almacenes más grandes de la Antigua: El almacén “José R. Matheu Sucesores”, ubicado en la 4ª. Calle Oriente y 6ª. Avenida Norte, esquina del parque central. En este almacén se vendían finos vinos y licores importados de Francia, España, Portugal, Italia, Alemania y Canadá; además licores nacionales. En el ramo de ferretería, se importaban: lámina de zinc y escopetas de Bélgica; hierro y clavos para herraduras de mulas y caballos; llegaban de Suecia; Cañería y accesorios de hierro galvanizado, machetes, azadones, piochas, etc.; así como alambre de púas, procedían de Inglaterra; tijeras, navajas de afeitar y muchos artículos de la prestigiada marca Henckel, cuyo emblema un par de muñequitos, se importaba de Alemania; En peletería llegaban finas pieles de Canadá, Alemania e Inglaterra; clavos, tornillos y herramienta en general para carpinteros, albañiles, etc., rifles, pistolas, cartuchos, pólvora y municiones procedentes de E.E.U.U: y de otros países; además se vendía: tabaco, vidrios de todas medidas papelería y artículos para escritorio y escolares; cepillos de todas clases, pastas de dientes, jabones de tocador, etc.

A quien le parezca cansado lo antes expuesto, aclaro que lo escribo con la intención que se enteren de todos los ramos que abarcaba mi nuevo trabajo; lo que fue una escuela donde adquirí conocimientos prácticos, tan útiles en la vida; el sueldo que percibía era de Q.20.00 mensuales, no malo para esa época.

Mi mamá ya se cansaba mucho por los viajes diarios que hacía a San Juan del Obispo, para cumplir con su misión de Directora de la Escuela de ese lugar; por tal motivo presentó su renuncia y se dedicó a maquilar en su casa, pantalones de dril, procedentes de una tienda de chinos, donde se los entregaban ya cortados pagándole por docena, a precio muy bajo.
1929: Depresión Económica Mundial (1929/34)

A fines de este año, dio principio la gran depresión económica mundial; quebrando bancos, dejando prácticamente en la calle a millones de personas que perdieron sus ahorros depositados en los mismos; así mismo se declararon en quiebra grandes empresas industriales, siendo clausuradas con el consiguiente desempleo.