Philip Mullins

Guatemala: Tercera Década

1930:

Se agudiza la crisis mundial, es alarmante el número de desempleados en todo el mundo, no encontrándose ni el más insignificante empleo; absolutamente todas las mercaderías bajan de valor súbitamente; los almacenes que tenían fuertes existencias fueron los más damnificados, teniendo que vender los artículos a precio bastante más bajo del costo. Por tal motivo el almacén donde yo trabajaba se vio en la necesidad de rebajar personal, que se componía de 10 empleados, liquidando a los 3 más nuevos de los que yo formaba parte; busqué trabajo por todos lados, sin conseguirlo; por último me fui a la capital, viviendo un año en casa de mi tío Fernando, 3ª. Avenida Sur No. 42, zona 1, en la que tenía su hogar formado por su esposa doña Matilde y Ma. Amalia; la hija mayor Josefina, vivía con su esposo Sr. Vitalino Molina en la finca Graciela, ubicada en Canchón, a inmediaciones de Puerta Parada, carretera a El Salvador; tenían crianza de ganado lechero; para ordeñar las vacas, las llamaban por su nombre, ya que cada una tenía el suyo, y acudían ordenadamente a su puesto de ordeño. En esta finca pasé un mes de temporada; Germán el hijito mayor de Josefina tenía 5 años de edad; para que se iniciara en sus estudios, al siguiente año, toda la familia se trasladó a la capital, comprando una hermosa casa en la 3ª. Av. Sur, enfrente a la de mi tío Fernando.

Tío Fernando desempeñaba el cargo de Vice Ministro de Agricultura; El Ministro era don Manuel María Herrera, pero las funciones del Ministerio eran atendidas casi en su totalidad por mi tío, debido a su don de gentes y capacidad, a él se dirigían todas las personas en busca de solución a sus demandas, ya que con paciencia y suaves modales, nadie salía defraudado. En esta época se presentó en el país gran escasez de maíz y harina de trigo; con tal motivo tío Fernando contrató por cuenta del ministerio, a un experto panificador para que tratara de producir un pan económico y de buen sabor, elaborado con poca harina mezclándole productos agrícolas de fácil adquisición y bajo precio; el contratado tenía mas o menos 45 años de edad, muy activo y respetuoso; principió sus labores haciendo algunas mezclas de harina de trigo con yuca, otras con camote con ñame, o con papas, de cada horneada producida le presentaba una muestra a tío Fernando para que diera su dictamen; por lo tanto en varias oportunidades llevaron a casa, para que lo probara en unión de la familia, y por cierto era sabroso, ya con esa experiencia el maestro panificador enseñó a varios colegas para que lo pusieran en práctica en las panaderías donde laboraban.

El tiempo seguía su marcha y yo continuaba sin trabajo, hasta que un día supimos que en una imprenta necesitaban un tipógrafo; pronto mi prima Matilde me acompañó y fuimos al taller, hablamos con el propietario don Rafael Rodil, quien después de algunas preguntas, me dijo que me presentara el día siguiente.

El trabajo consistía en la elaboración de un periódico titulado El Nacional; el señor Rodil era muy buena persona y estaba satisfecho con mi trabajo; pero el gusto no tardó mucho tiempo, pues no sé por qué motivo a los pocos meses clausuraron el periódico y allí, terminó todo.

La casa de tío Fernando era bastante amplia, tenía 3 patios: en el primero estaban las habitaciones con el comedor en el fondo; un gran rosal cubría buena parte del patio, y en los pilares que enmarcaban el zaguán, enredaba una mata de uva, en el segundo patio estaba una pequeña pileta pegada a la pared, muy cerca crecía un arbolito de guayaba que producía frutas en abundancia, de color rojo por dentro y por fuera; de sabor ácido muy agradable cuya variedad no he vuelto a ver en mi vida; en este mismo patio se encontraba la cocina y una pila grande con lavaderos y tendedero para la ropa mojada que recibía los rayos del sol por todos lados, no tardando en secarse. En el tercer patio había un gran árbol de cerezas que las producía en gran cantidad y muy dulces, también habían gallinas, una pequeña pila y el cuarto de sirvientas.

Con frecuencia salía acompañado de mi primo Nando a recorrer distintos barrios aledaños a la capital, por ejemplo la Avenida Elena, Los Llanos de Palomo, La Pedrera, Lo de Bran; todos estos lugares, en la actualidad se encuentran superpoblados en pleno corazón de la ciudad. A casa llegaban de visita muchos amigos, me recuerdo de algunos: Los hermanos Cruz, Mario Forno, Hachito Cabrera, hijo del Lic. H. Abraham Cabrera, Ministro de Educación Pública; también llegaba con frecuencia Humberto Lemus Pivaral, íntimo amigo y compañero de Nando, pues ambos convivieron en la misma casa, cuando estudiaban en los Estados Unidos; a propósito decían que Nando tenía un telescopio y sus ratos libres, se los pasaba observando a una muchacha que en la terraza de una casa cercana se acostaba encuerada, para darse baños de sol; por tal motivo a Nando cariñosamente le clavaron el sobrenombre de Teles . Otra anécdota de la misma época; cuando estudiaban en los Estados Unidos: El amigo Lemus Pivaral, de familia adinerada, tenía la piel morena y ojos negros, un día se le metió entre ceja y ceja hacerse pasar por Príncipe Hindú; salía ataviado con una capa y un turbante que adquirió en una tienda; a Nando le consiguió un traje adoc y lo hacía pasar por su paje. La familia de tío Fernando era muy ordenada y de buenas costumbres, las hijas estudiosas, además de la enseñanza escolar, tuvieron magníficos profesores de música: Matildita de piano y Amalita de Violín.

En esta época estrenaron en el teatro Capitol la primera película sonora llegada a Guatemala, cuyo título era “La Canción del Lobo” algún tiempo después, en el mismo teatro estrenaron la primera película hablada en español, “Así es la Vida”, con José Bor, como protagonista, filmada en Argentina, en ambos estrenos estuve presente.

El 12 de Diciembre, por enfermedad, entregó el poder, previa renuncia, el General Lázaro Chacón, substituyendolo el General Manuel Orellana, que solo gobernó 15 días, entregando la presidencia al Lic. José Ma. Reynosa Andrade.

1931:

Como todo tiene su término: un día recibo aviso de mamá, llamándome para que me trasladara a la Antigua, porque en la Empresa Eléctrica había una plaza vacante; y efectivamente así fue; resulta que en la esquina del parque Central, 5ª. Avenida y 4ª calle, daban principio a la construcción de un edificio de dos niveles, para la instalación de una tienda y oficinas en la planta baja y habitaciones en el segundo piso; cambiando la imagen de la mencionada Empresa Eléctrica, pues donde se encontraba era una antigua casa situada en la esquina de la 6ª. Avenida y 6ª, calle actualmente ocupada por el Asilo de Ancianos. Pues bien, el cajero de la Empresa era Angel Velázquez, antiguo compañero de mi niñez; siendo él quien me propuso para desempeñar el cargo de guardalmacén y me aceptaron; el sueldo era de Q.25.00 mensuales, Seguro de Vida y otras prestaciones.( El 14 de Febrero tomó posesión de la Presidencia el General Jorge Ubico Castañeda.

1932:

El cargo de guardalmacén en la Empresa Eléctrica apenas tardó dos años escasos, pues terminada la construcción del nuevo edificio, desapareció el almacén de materiales, y por lo tanto quedo nuevamente sin trabajo, aunque esta vez fue solamente unas semanas.

Había en la Antigua una tienda propiedad de una anciana, a quien llamaban la niña Naya Díaz; la principal mercancía consistía en hilos para tejer, de todas clases y colores; otra especialidad eran las pieles para zapatos, suelas de goma, tacones de hule y en fin todo lo concerniente al ramo de zapatería; el negocio era atendido por su propietaria y principalmente por su sobrino Alfonso Díaz, quien súbitamente enfermó de gravedad; por tal motivo me hablaron para que trabajara en la tienda durante el tiempo que permaneciera la enfermedad de Alfonso, la que fue seis meses para sanar completamente.

1933:

Tuve la buena suerte, que en esos días me informaron que en el Instituto Normal para Varones podría encontrar trabajo; fui y hablé con el Director, el recordado Maestro don Abraham Orantes, quien manifestó que de pronto la única plaza vacante era la portería, pero había posibilidades de mejorar en corto tiempo; así es que me quedé de portero tres meses, al cabo de los cuales me ascendieron a inspector tercero, recibiendo mi nombramiento del Ministerio de Educación Pública; siendo mis actividades las siguientes:

  1. Controlar la entrada y salida de los catedráticos, para lo cual había grandes hojas de papel, perforadas y enganchadas a manera de formar un libro, en donde lo firmaban los propios catedráticos, anotando previamente la hora de entrada, el tema y método tratado en la clase; estas hojas estaban impresas, teniendo casillas para las anotaciones respectivas; se usaba una diaria para todas las materias y se encuadernaban al finalizar el año para archivarlas. Cada materia tenía 45 minutos de duración, mas 10 minutos de recreo y 5 para desfilar en la entrada y salida del salón, completando así 1 hora.
  2. Tocar la campana a la hora de entrada y salida de clases; Durante el recreo vigilar a los alumnos a efecto que prevaleciera el orden y buen comportamiento; por consiguiente castigar a los infractores.
  3. Vigilar todos los salones después de los recreos para constatar que están los maestros respectivos; en caso contrario quedarse vigilando a los alumnos para que estudien ordenadamente.
  4. Terminando el horario de clases, quedaban los 110 alumnos internos bajo el control de los inspectores durante el resto del día, horas de estudio y comida; por la noche hasta las 8 ½ que se pasa lista, se toca silencio, todo el mundo va a la cama; el inspector de turno tiene que constatar que todas las camas estén ocupadas y a la vez dormir en el salón con todo el internado para que guarden absoluto silencio y que no se escape ninguno.
  5. A las 5 de la mañana se tocaba la campana para que se levantaran y pasaran a la piscina para bañarse; a las 6 el desayuno, a las 7 daban principio las clases de secundaria y a las 8 las de primaria.

El sueldo de los inspectores era de Q.35.00 mensual, comida y dormitorio; los maestros de primaria ganaban Q.22.50 mensuales, por 7 horas de trabajo; los catedráticos Q.15.00 al mes por cada materia que impartía.

Regularmente a los inspectores nos correspondían los siguientes turnos: Guardia Imaginaria y Franco, cada uno de 24 horas; siendo el de guardia el primer responsable de las actividades diarias: toque de campana, control de maestros, vigilancia en las comidas, en la cocina y dormitorio; el de imaginaria debía colaborar, o mejor dicho, ayudar al de guardia, pero con menor responsabilidad; el de franco quedaba libre durante las tardes y noches podía salir a la calle.

A iniciativa del señor Manuel Méndez se formó en la ciudad, el que se llamó Grupo Artístico Antigüeño, que se dedicaba a las actividades teatrales sin intensión de lucro, sino únicamente como aficionados, o sea por amor al arte; los ingresos se invertían en los gastos que ocasionaban las representaciones, tales como alquiler del teatro, trajes, decorados y utilería en general; estaba formado por el siguiente personal:

Director: Manuel Méndez, Primer actor: Jorge Antonio Mansilla, Joven Galán: Daniel Morales, secundados por: Jesús López Guillermo Carrilo, Alfonso Marinelli, Julio Juárez, Rogelio Toledo, Ismael Cuyún, y algunos que no recuerdo; entre el sexo femenino actuaban en primer lugar: Graciela Cáceres, seguida por: Refugio Velázquez, Conzuelo Granados Mollinedo, María Luisa Midence Durán, Rebeca Cáceres, Dolores Martínez Furlán, Ernestina Matute y Elena Buendía; Apuntador: Manuel Jonama Cáceres. Presentamos los dramas “Mancha que Limpia”, “Juan José”, “La Tosca” y “Lázaro el Mudo”; la comedia: El Botones del Hotel Amberes; y por último, con la valiosa dirección y brillante actuación del conocido y gratamente recordado don Alfredo Palarea y sus hijas Lourdes y Lily Palarea Saravia, representamos la obra “El hijo del Carnicero”.

1934:

Nota triste y dolorosa para la familia Morales, fue el repentino fallecimiento de tío Fernando, ocurrido el 26 de Febrero, víctima de un ataque de apoplejía fulminante, a eso de las quince o dieciséis horas, en ocasión que se encontraba visitando a una familia en la ciudad de Managua, Nicaragua, donde desempeñaba el cargo diplomático de Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario.

La infausta noticia nos fue comunicada inmediatamente por la familia; encontrándome de vacaciones, pronto partí para la capital; como el cadáver sería transportado en barco, se dispuso que representando a la familia fuéramos a recibir el cadáver al puerto de San José: don Vitalino Molina, esposo de mi prima Josefina, Fernando Jr. Y yo; el viaje lo hicimos en tren la víspera de la llegada; el barco llegó como a las 7 de la mañana; el ataúd colocado dentro de una caja de aluminio y ésta a su vez en otra de madera, fue trasladado a una vagón especial del ferrocarril, en el que nos fuimos los tres familiares y la comitiva oficial nombrada por el gobierno.

Llegando a la capital fue trasladado a la casa 3ª. Avenida Sur 42 zona 1, en la sala que era bastante amplia, se colocó el ataúd, en capilla ardiente, rodeado por una impresionante cantidad de ofrendas florales que enviaron de diversas dependencias del gobierno, así como de las misiones diplomáticas e infinidad de personas amigas de la familia. Al siguiente día 9 de marzo, se efectuó el entierro en el Cementerio General, asistiendo el cuerpo Diplomático y Consular, representantes del gobierno y numeroso público.

En nombre del gobierno de la República fue pronunciada por el Licenciado don Alfonso Carrillo, la oración fúnebre.

Pocos días después del fallecimiento de tío Fernando, mi mamá sufrió un ataque de parálisis facial, siendo atendida por el Dr. Jorge E. Alvarado; la enfermedad tuvo mas o menos un año de duración; consistiendo el tratamiento en aplicaciones de rayos ultravioleta, durante determinado tiempo estuvo tomando estricnina en pequeñas dosis progresivas y regresivas, habiendo recuperado totalmente la salud.

En el Instituto nos quedaba tiempo libre en horas de clases, principalmente cuando estaba completo el profesorado, cosa que frecuentemente ocurría por la puntualidad y disciplina que prevalecía en esa época; por tal motivo el director profesor Orantes me autorizó entrar a clases como oyente, pero con derecho a examen de fin de año; así aprobé el primer año normal.

1935:

El físico Inglés Robert Watson inventa el Radar (1935/1939)

Don Abraham Orantes era uno de los grandes maestros de Guatemala; en la época de la presidencia del General José María Orellana fueron acreedores de sendas becas para hacer su Doctorado en Pedagogía, cuatro de los mejores maestros del país así: Profesor Juan José Arévalo Bermejo fue a Argentina, donde obtuvo el título de Doctor en Pedagogía, quedándose en ese país, prestando sus servicios de Catedrático en la Universidad de Tucumán; años más tarde, ocupo la Presidencia de la República durante el sexenio 1945/51; al Profesor Luis Martínez le asignaron Suiza, donde hizo su Doctorado; más tarde fue Ministro de Educación Pública en Guatemala; al Profesor Adolfo Monsanto lo enviaron a la Universidad autónoma de México D.F., haciendo su Doctorado, y tiempos después también, ocupó el cargo de Ministro de Educación Pública en Guatemala; por último al profesor Abraham Orantes le correspondió hacer sus estudios previos al Doctorado la Universidad de la Habana, Cuba, pero nunca supe el motivo por que no llegó a Doctorarse.

El Domingo 9 de Octubre ocurrió una catástrofe en la ciudad de Antigua: a medio día llovió fuertemente; por la tarde se despejó el cielo y alumbró el sol, pero como a las cuatro y media de la tarde, principió a bajar una abundante corriente de agua por la cuarta calle oriente; yo me encontraba acompañado de mi novia, la que años más tarde sería mi esposa, Elisa Boccaletti; estábamos en la puerta de la casa de nuestras amigas Julia y María Ruiz, situada precisamente en la cuarta calle Oriente a dos cuadras del Parque Central, cuando repentinamente observamos la corriente de agua lodosa que aumentaba de volumen vertiginosamente, llegando hasta el borde de las aceras; en ese momento pasó frente a nosotros el General Enrique Girón, Gobernador Departamental, ataviado con impermeable, y botas que le cubrían hasta las rodillas; a todos los hombres que encontraba a su paso les gritaba “síganme para prestar ayuda, porque se desbordó el río Pensativo en el puente del Matasano” y.. al sordo se lo dijeron; A tiempo pasaban unos amigos y me pegué con ellos, mientras tanto, el agua aumentaba constantemente y principiaba a entrar por las puertas de las casas y por consiguiente cundía el pánico en la gente; mi novia y sus amigas chillaban, y me pedían que no fuera al puente, porque podría pasarme algo malo; pero yo, haciendo gala de valentía y patriotismo, me remango los pantalones hasta arriba de las rodillas y … al agua patos… me largo con mis amigos; Habíamos caminado, mejor dicho: chapotado poco más de media cuadra, cuando encontramos un cable amarrado del poste de la esquina al balcón de una casa situada en el lado opuesto; alguien lo colocó para poder atravesar la calle; asidos al cable logramos pasar al otro lado; y tomando por la segunda avenida llegamos a la tercera calle, donde la corriente era escasa hasta llegar al lugar del desastre. Aún no se borra de mi mente el espectáculo presenciado: las aguas del río habían cubierto completamente el puente de arco, del tiempo de la colonia, desbordándose por las calles de la ciudad, siendo la causa, un enorme tronco de eucalipto había tapado la boca del puente. Felipe Efraín Díaz, buen amigo mío, aunque de mayor edad, sobresalía entre el grupo de personas, que cubiertos solo con calzoncillo trabajaban arduamente dentro del agua, sacando ramas y demás objetos que no dejaban circular libremente la corriente; por la tenacidad de su trabajo, sobresalía el amigo Efraín, quien regularmente lucía largo y poblado bigote, pero en esta ocasión se lo había convertido en un abultado trozo de lodo, que con los pequeños ojos negros y enrojecidos, era todo lo que se miraba de su moreno rostro, pero incansable y tenaz, se sumergía constantemente dentro del agua lodosa, tratando de encontrar un punto apropiado para amarrar el cable que tenía en la mano, cuyo extremo opuesto pendía de un gran camión mack propiedad de don Julio Godoy (cuñado de don Pedro G. Cofiño), como todo esfuerzo tiene su recompensa, ya entrando la noche lograron su objetivo, lanzando el enoreme tronco que obstruía el paso del río, acelerando el motor del pesado camión, poco a poco fue sediendo el Tapón; los tripulantes del vehículo pedían a gritos que desocuparan el lugar antes las aguas se los tragarán, inmediatamente salieron como pudieron todos los que formaban la cuadrilla de salvamento.

Al retirar el tronco que servía de tapón, las negras aguas se desbordaron estrepitosamente por su cause normal, por supuesto, todos los que llegamos tarde, solo servimos de espectadores, sin pena ni gloria; pero como dice el dicho: “Basta con la Intención”. El día siguiente por la mañana, el panorama de la ciudad era desalentador, principalmente las calles y avenidas donde pasó la correntada, se encontraban cubiertas de lado a lado por una gruesa capa de arena; en el mismo estado se encontraba el parque central. Gracias a que las autoridades pusieron en práctica las medidas más acertadas: muy de mañana publicaron un bando sitando a todos los hombres mayores de 18 años para que se presentaran en el parque central, donde se organizarían las cuadrillas de trabajo para despejar la ciudad de la arena que la invadía:

  1. Seleccionaron un predio baldío que se encontraba a orillas de la Calle Ancha de los Herreros, a inmediaciones del camino que conduce a la aldea de San Felipe de Jesús; dicho predio era prácticamente un barranco convertido en basurero, muy apropiado para depositar la arena, por lo cercano del lugar.
  2. Por órdenes del General Jorge Ubico Castañeda, presidente de la República, todos los propietarios de camiones del Municipio de Mixco y lugares aledaños a la Antigua, debían presentar los vehículos para acarrear la arena.
  3. El martes muy de mañana el centro de la ciudad se encontraba abarrotado de hombres dispuestos a prestar ayuda, las autoridades nombraron un comité organizados de los trabajos y se dio principio a la carga y descarga de los camiones, usando palas, azadones y carretías de mano, la cantidad de vehículos era enorme.

Después de designar su trabajo a los escogidos: unos cargando los camiones, otros descargándolos; y otros más distribuyendo la arena en el lugar correspondiente, a efecto de formar un rectángulo plano y consistente, dando origen más tarde a la construcción de Estadio Pensativo, que hasta la fecha ha sido el escenario de eventos escolares y principalmente competencias de Fútbol. A toda la gente que sobró después de haber organizado las tareas respectivas, le dieron las gracias por su presencia y los mandaron a sus hogares. Al cabo de dos semanas de ardua labor, la ciudad quedó despejada.

Desde el siglo pasado se celebraba en Guatemala durante la semana del 15 de Agosto, la feria de Jocotenango, también llamada de la Asunción, en honor a la Santísima Virgen, patrona de la ciudad. Todos los festejos tenían lugar en la parte de la ciudad, pero es el caso que durante la administración del General Ubico, cuyo cumpleaños tenía lugar el 10 de Noviembre, dispusieron organizar una fastuosa feria en esa fecha, para lo cual construyeron grandes instalaciones para alojar las exposiciones internacionales, todas conectadas por cómodas pasarelas; así mismo construyeron un hipódromo y plaza de toros. Todo esto se llevó a cabo en terrenos de la finca nacional La Aurora, a inmediaciones del parque zoológico. A partir de estas celebraciones, fue quedando en segundo lugar la tradicional feria de Jocotenango, hasta llegar al punto de casi desaparecer.

1936:

En una de las ferias de Noviembre, se produjo un acto denigrante para nuestra raza indígena, como es el caso del joven de esa época Mario Monteforte Toledo más de México, país donde se encontraba deportado, y en la actualidad honorable escritor retirado de la política, domiciliado nuevamente en Guatemala.

Pues bien: en fecha exacta que no recuerdo el mencionado joven Monteforte, con gran publicidad y haciendo alarde de valiente aventurero diz que se internó en la selva petenera, donde encontró una pequeña comunidad lacandona; y no sé si por convencimiento o forzadamente se llevó por vía aérea a la capital de Guatemala a mas o menores 8 o 10 años de esos indígenas, y para vergüenza del país los alojaron en un improvisado rancho construido dentro de las instalaciones de la feria, para exhibirlos en público, previo pago del boleto correspondiente, como si se tratara de animales raros, sé que se encontraba con el triste espectáculo del pequeño grupo de lacandones, ataviados con camisón de manta blanca que les cubría hasta la mitad de las piernas, cuello cerrado y mangas debajo de los codos; el cabello largo y despeinado; los pies calzados con sandalias de piel. Con la mirada triste y divagada, veían a los cientos de curiosos que pagaban por verlos, algunos de los visitantes les hacían preguntas, que se quedaban sin respuesta por no entender el idioma de Cervantes; no faltaban algunos que les obsequiaban medallas, pero no al mérito, sino religiosas, a las que los pobres acarreados no les prestaban atención, ni tenían idea de qué se trataba. Terminada la feria que tenía dos semanas de duración, se coló la noticia que algunos de los pobres compatriotas habían enfermado; con tal motivo apresuraron el regreso a su comunidad por vía aérea, como habían llegado.

En el Instituto de la Antigua, continúo con mis labores cotidianas; el Inspector Primero Prof. Raúl Morales, fue nombrado Catedrático de varias asignaturas, al Profesor Fermín Vielman Muñiz lo ascendieron a Inspector Primero, yo ascendí a Inspector Segundo, habiendo sido nombrado Inspector Tercero el mayor del Ejército Luis Morales Chacón. Algo que se estaba quedando en el tintero, es lo siguiente: desde que principié a trabajar en el Instituto en 1933, los sueldos se encontraban sumamente retrasados, por motivo que cuando el General Jorge Ubico tomó el poder en 1931, las arcas nacionales se encontraban completamente vacías a consecuencia de la depresión mundial que aún venía sufriendo el país, por consiguiente pasaban los meses sin recibir nuestros sueldos, únicamente en vísperas de Semana Santa, 15 de Septiembre y Navidad, o sea tres veces al año: En la Administración de Rentas Departamental nos pedían presentarnos con el último recibo, es decir, el más reciente de los que nos adeudaban, llegando a dicha dependencia nos decían: “ por carecer de fondos únicamente le daremos cinco quetzales a cuenta de su recibo”. Esta rutina la soportamos varios años, así es que subsistir con la fabulosa cantidad de quince quetzales al año, era una odisea, mis pacientes lectores se preguntarán cómo es posible que todo el magisterio halla soportado esa situación?, ¿De dónde sacaban para alimentarse, vestirse y alojarse? … Muy sencillo: en la muy noble y leal ciudad de Santiago de los Caballeros y precisamente en la misma cuadra 4ª. Calle entre 5ª. Y 6ª. Avenida, existían 3 establecimientos comerciales: Uno del judío de pura sangre Alberto Balterisky, el segundo del judío criollo Profesor Francisco Ramírez, más conocido por don Pancho Güicoy, y el tercero; la Agencia musical J.G. Alvarenga. Los Judíos vendían telas, ropa hecha y a la medida, zapatos, sombreros, camisas y mercancías en general; el negocio de la Agencia Alvarenga consistía en la venta de radios General Electric, toca discos y todo lo concerniente al ramo, a excepción de televisores y cassettes porque no se conocían.

Todos o casi todos los servidores de la Educación acudían a esas casas comerciales, para canjear algunos de sus recibos por mercancía que le conviniera, con el único requisito que al precio de venta se le aumentaba el 60% por concepto de comisión por el favor que le hacían al aceptar sus devaluados recibos a cambio de la valiosa mercadería, en esa forma el mártir tenía con qué vestirse y las prendas que le sobraban o por necesidad no las usaba, los vendía a otra persona a menos de su valor real; por consiguiente aumentaba la pérdida original, pero ya contaba con dinero para sus demás gastos.

El administrador de Rentas Departamental era el nefasto Sr. José María Lira, hombre mal encarado y sin conciencia, semanalmente pagaba a los 3 comerciantes antes mencionados nuestros recibos, moneda contante y sonante, previo un pequeño descuento; por supuesto todo lo hacían bajo de agua, para que los cientos de estafados no se dieran cuenta de la sucia operación, productora de grandes ganancias, aunque todo era un secreto a voces, que nadie se atrevía a denunciar, por temor a represalias.

1937:

Dentro del personal que prestaba sus servicios en el Instituto, el único que nunca carecía de dinero era el Secretario Contador Rafael Meléndez Escobar, originario de Quetzaltenango, a quien durante el año los alumnos le solicitaban copias de Actas de examen, pasar a máquina tesis de graduados etc. etc., siempre hacía alarde ante sus paupérrimos compañeros de trabajo, tales como inspectores, o profesores de primaria, de contar todo el tiempo con dinero en efectivo, por supuesto en cantidades muy modestas; Pero siempre con el espíritu burlón de creerse superior a los demás. Por todo lo anterior, prácticamente carecía de amigos sinceros, y le criticaban su manera de actuar, de mi parte siempre mantenía buena amistad con él; cuando se le acumulaba demasiado trabajo, me pedía ayuda, por ejemplo: buscando en el archivo los antecedentes deseados para levantar las actas certificadas, ayudar a mantener al día los libros de contabilidad, caja diario, mayor etc. , siempre bajo su guía; todo lo cual fueron conocimientos que tanto me sirvieron más tarde en las diversas etapas de mi vida; a la vez que recibía algo de dinero para palear nuestra paupérrima situación económica. Así mismo los alumnos que salían de Bachilleres o Maestros, tenían que presentar escritas a máquina sus respectivas tesis, y como yo adquirí conocimientos de mecanografía en casa de tío Fernando, durante el año que pasé en la ciudad de Guatemala en 1930; varios de los graduados me solicitaban que les pasara a máquina las tesis, en tal sentido me hacía de otros pequeños ingresos

Pasando a otro tema, les contaré algo sobre algunos espectáculos que se presentaron en Guatemala y también llegaron a la Antigua; los que más me llamaron la atención y nunca volví a ver otros semejantes son: “Los perros comediantes” que presentaban pequeñas obras teatrales, con la actuación únicamente de perros de diversas razas, caminando solo con dos patas, sin la intervención de ninguna persona más que el entrenador que desde cierta distancia los dirigía por medio de palabras y señales; bonitos decorados de acuerdo a la obra y tamaño de los actores (perros); el vestuario tanto masculino, como femenino, bien confeccionado; en fin todo muy gracioso y tan natural como si fueran seres humanos los actores. Ignoro el origen de este conjunto teatral, me parece Europeo o Sudamericano.

Otro actor de fama mundial que presencié, fue el gran transformista Italiano Frégoli, que presentaba obras teatrales con la actuación de un solo actor, que instantáneamente cambiaba de personalidad, entrando por una puerta ataviado con traje de hombre, y saliendo por la otra con indumentaria de mujer, con su respectiva peluca y demás menjurjes, o a la inversa; en resumidas cuentas, una sola persona (Frégoli), desempeñaba todos los papeles de los componentes de la obra, en un tiempo sumamente corto y una maestría admirable.

1938:

Como en este mundo, todo tiene su fin, paulatinamente fue cambiando nuestra precaria situación económica, al ser removido de su cargo el Administrador de Rentas, Sr. José Ma. Lira, siendo nombrado en su lugar el dinámico y carismático Sr. Carlos Conde, que pronto se supo ganar el afecto del magisterio en general, pagando con mayor frecuencia los recibos atrasados; a mí en lo personal me favorecía frecuentemente, pidiéndome que le llevara uno de los recibos más viejos, pagándomelo completo más tarde supe que en cierta ocasión le dijo a una persona, que yo me había ganado su simpatía, porque en una oportunidad me había expresado muy bien de él, según le informó un amigo suyo.

El Presidente Ubico era enemigo acérrimo de los vagos, los ladrones y los comunistas durante su gobierno, cada año, a partir del 15 de Enero salía en plan de trabajo, visitando todos los Departamentos de la República, previamente desde principios de Diciembre se adelantaban grupos de Contadores Públicos practicando auditorías en las dependencias que manejaban fondos del Estado – a estos grupos les llamaban vulgarmente, “Los Azacuanes”-, tenían que rendir su informe de cualquier anomalía que encontraran, a efecto que cuando llegaba el presidente, ya tenía conocimiento del resultado de la auditoría, y si aparecían faltantes de dinero, inmediatamente era destituido y encarcelado el empleado o funcionario responsable.

Estas visitas las practicaba en su automóvil, con gran acompañamiento de la policía motorizada que le antecedía, para ir abriendo paso a él y su numerosa comitiva, le encantaba correr vertiginosamente, teniendo un chofer que ejercía gran domino del volante, siendo además honrado y digno de confianza, no recuerdo su nombre de pila, solo que le llamaban “El canche Mendizábal”; corría tan veloz, que ponía en aprietos a los motoristas que le precedían.

Años más tarde cuando se retiró del servicio, el General Ubico lo gratificó con una buena cantidad de dinero, para que emprendiera un negocio propio, y así lo hizo, compró varios autobuses nuevos estableciendo una línea de transporte entre la Capital y la ciudad de Antigua, llevando por nombre “Las Preciosas”, siendo muy solicitadas por su seguridad y puntualidad, y el famoso Canche Mendizábal, se quedó definitivamente en Antigua, la ciudad de las perpetuas rosas, monumento de América y Patrimonio de la Humanidad.

El Profesor Fermín Vielman Muñiz, que desempeñaba el cargo de Inspector primero en el Instituto, fue nombrado Maestro del segundo grado de Primaria; a mí me ascendieron a Inspector Primero; el Mayor Luis Morales Chacón, pasó a Segundo y el Subteniente Héctor Mario Luna fue nombrado Tercero, el Coronel Oscar H, Galo continuaba como Inspector General y el Capitán retirado, José E. Abril seguía desempeñando el puesto de Sub Director Ad honores. Como puede observarse el régimen militar continuaba creciendo, siendo únicamente mi persona el civil. Nuestro vestuario consistía en uniforme de diario: Guerrera, birrete y pantalón caqui, para el uniforme de gala, el Ministerio de Educación a cargo del Ingeniero Luis Schlesinger Carrera, nos obsequió tela color crema para la guerrera y la gorra militar; para el pantalón era de color azul marino. La confección corrió por nuestra cuenta.

Cambiando de tema: A la Catedral de la Antigua llegó el nuevo Párroco Juan Alvarez Crespo, sacerdote español, como de 60 años de edad; en esa época el Sacristán Julio Rodríguez M. antiguo amigo mío y por lo tanto de la familia; habló con mi hermana Marta, solicitándole hacerse cargo del mantenimiento de la ropa del padre Crespo, cuyo trabajo lo haría en nuestra casa, lo cual aceptó, y desde entonces toda la familia mantuvimos una cordial amistad con el sacerdote, siempre nos demostró cariño y confianza; A mí me asignó el archivo de la iglesia, asentando en los libros respectivos las actas de Bautismo, Confirmaciones, Matrimonios, etc. todo remunerado con generosidad.

Yo lo visitaba frecuentemente para conversar, pues era muy ameno y erudito, me platicaba de su estancia en París, durante sus primero años de sacerdocio y en la Habana, donde permaneció muchos años antes de llegar a Guatemala, pertenecía a la Orden de los Paulinos, fue poseedor de una buena biblioteca, que donó a la Curia Guatemalteca.

En cierta ocasión fue víctima de grave enfermedad, siendo su médico de cabecera el Dr. Jorge E. Alvarado, diagnosticándole que la enfermedad era incurable, quedándole a lo sumo un año y medio de vida

Continuó su vida normal, pero se le notaba preocupado, en cierta oportunidad me invitó para acompañarlo a Chimaltenango y Parramos, donde tenía dos terrenos – uno en cada lugar – y los cultivaba con frijol y maíz, meses más tarde me confió Julio el Sacristán, que el padre había llamado a su Licenciado para hacer su testamento y me heredaba uno de los terrenos. Días después, el Padre me entregó una bolsa de manta que contenía dinero en billete y algunas monedas fraccionarias, me dijo que lo contara y atara los billetes en fajos de Q.100.00 c/u, dando por resultado la suma de poco menos de Q.3,000.00, seguidamente sacó de la gaveta |de su escritorio un recibo de su médico Alvarado, por valor de Q.1,000.00, con el siguiente texto: Por visitas profesionales durante un año, pero la realidad era otra: ciertamente el Doctor visitaba algunas veces al Padre, mas como amigo que profesional, pues la mayoría de las veces no le recetaba absolutamente nada, ni le practicaba examen alguno, solamente se concretaba a comentar tópicos de actualidad.

Así es que sin ocultar su enojo el Padre tomó Q. 1,000.00 del dinero que le había contado, y juntamente con el recibo me los entregó, pidiéndome que por favor se los llevara al Doctor, pidiéndole la devolución del recibo debidamente firmado y cancelado con su sello. El resto del dinero lo introdujo nuevamente en su bolsa de manta y la guardó.

A partir de entonces fue empeorando la enfermedad, -sospecho que era cáncer. Cierto día llegó a visitarlo el Arzobispo Metropolitano Monseñor Duró y Souró, siendo el motivo de la visita, obligarlo a que firmara su testamento, donando todos sus bienes a favor del Asilo “Santa Familia” de la Antigua Guatemala, quedando por consiguiente anulado su testamento anterior y yo…. En la vil calle, como siempre había estado, y ahora sin la esperanza de poseer un cachito de terreno en Chimaltenango.

El tiempo inexorablemente sigue su marcha, la salud del Padre cada día declinando, alquiló una casa que existía en las ruinas de San José el Viejo, yo no dejaba de visitarlo durante sus últimos días en dicha casa, y las noches que tenía libres en mi trabajo, las pasaba acompañándolo, por último falleció en calma, asistí al sepelio y por la noche me quedé a dormir en esa casa, sin más compañía que el alma del Presbítero Juan Alvarez Crespo Q.E.P.D.

Durante la década de los años treinta, fue cuando más me relacioné con las sobrinas en segundo grado de mi madre, siendo ellas: Francisca Rosa de Boppel, casada con el Alemán Enrique Boppel, propietario de cuatro fincas cafetaleras, a pocos kilómetros, de Mazatenango, tenía 5 hijos: Enrique, Elsa Carlota, Olga Margarita, Blanca Elvira y Yolanda, todos vivían en Alemania, pero frecuentemente visitaban Guatemala, en varias oportunidades llegué a visitarlas en su casa situada en la 8ª. Avenida Sur, zona 1.

En cierta ocasión me dijeron que deseaban comprar una marimba para llevarla a Alemania, revisando los anuncios de los periódicos, encontré uno, donde ofrecían en venta una marimba, pronto se lo comuniqué a Doña Paca y con la buena suerte que el precio era bajo, la compró y más tarde supe que formaron un conjunto familiar, la mamá y los tres hijos mayores, causando novedad dentro del círculo de sus amistades, que se deleitaban escuchándolas en su casa, cuando llegaban de visita.

En Alemania tenían 9 casas, regularmente viajaban durante la época de vacaciones pasaban unas semanas en la Capital de Guatemala y otras en la finca San Isidro, que era la principal de sus propiedades. Poco antes de dar principio la segunda Guerra Mundial, murió en Guatemala don Enrique, siendo sepultado en su finca San Isidro, quedando al frente de las cuatro fincas Enrique hijo, y como única propietaria doña Francisca, que regresó con sus hijas a Alemania.

Al iniciarse la mencionada guerra, después de largos interrogatorios y comprobando que no tenía ningún nexo con los judíos, logró doña Francisca regresar a Guatemala con su hija Yolanda las otras ya estaban casadas y se quedaron con sus esposos durante varios años, la única que se quedó definitivamente en Alemania, fue Elsa Carlota, que murió a consecuencia del estallido de una bomba que la agarró en la calle cuando la fuerza aérea Británica bombardeaba la ciudad.

Adriana Rosa de Valenzuela, casada con el médico Hondureño Calixto Valenzuela, tenía 3 hijas, María Teresa, Haydée y Adrianita, el doctor vivía en Honduras y rara vez llegaba a Guatemala, Adriana, su vida era sedentaria, en muy pocas ocasiones salía a la calle, pasando la mayor parte del tiempo enroscada en la cama fumando, en cuanto se terminaba un cigarrillo, con la misma colilla encendía el otro.

Isidora Rosa de Soto, familiarmente la llamaban “Chichi”, casada con don Max Soto, era propietaria de gran número de casas en Guatemala, lo que le producía fuertes ingresos por concepto de alquileres.

En una ocasión, estando yo sin trabajo, Chichi le propuso a mi madre, que nos trasladáramos a la Capital, para que le vigiláramos a los albañiles y carpinteros que le estaban construyendo varios apartamentos en un predio situado en la 12 avenida Norte, al pié del Cerro del Carmen, y por consiguiente había fuerte cantidad de materiales de construcción que fácilmente los podían robar si no había vigilancia, a cambio de lo cual, ella nos proporcionaría un apartamento recién construido, para que lo habitáramos, sin que se le pagara alquiler, es decir, gratis, y estando en la capital, probablemente conseguiríamos algún trabajo mi hermana Marta y yo.

Ante la necesidad que nos agobiaba, aceptamos la oferta y nos trasladamos a la Capital, con la ilusión de encontrar una vida mejor, Marta tenía su hijito Mario de 2 años de edad, más o menos, cuyo padre Aurelio Díaz había fallecido hacía poco tiempo, nos instalamos en nuestro nuevo hogar, dando principio el Calvario, andando de arriba para abajo en busca de algún trabajo, pero nada…., poco a poco se fueron agotando nuestros escasos recursos, de vez en cuando me caía la compostura de alguna plancha u otro aparato eléctrico, porque cuando trabajé de bodeguero en la Empresa Eléctrica de la Antigua, algo pude aprender. Marta por consiguiente, rara vez conseguía algún ingreso, paramos comiendo únicamente frijoles y arroz con tortillas y café sin pan, si alguna vez lográbamos comprar algunos panes, era un festín, no exagero al afirmar que hasta en esta ocasión supe lo que es pasar hambre y no contar con medios para mitigarla, algunas veces que no probábamos ni un bocado en todo el día.

Dicen que Dios aprieta pero no ahorca: en otro apartamento al lado del que habitábamos, vivía una familia modesta pero muy trabajadora, salía el matrimonio temprano, regresando por la tarde, hicimos amistad con ellos, con frecuencia nos obsequiaban comida y nos informaban donde podríamos buscar trabajo.

Al fin de las cansadas le dieron a Marta un puesto en la camisería “La India”, propiedad de don José Tabush, situada en el Portal del Comercio, el trabajo era de costurar partes de camisas finas, digo partes, porque había personal solo para cuellos que era lo más delicado, otras para puños y así sucesivamente hasta llegar a las que unían las piezas, quedando terminadas las flamantes camisas.

La Directora era una señora española que se había especializado en los Estados Unidos, en una de las fábricas Arrow, era sumamente exigente, pero Marta no tuvo ningún problema porque conocía bien el oficio, lo único malo era el sueldo tan bajo con relación a lo delicado del trabajo, pero al menos ya había para llenar el buche.

Llegó tanta agua al cántaro, que al fin se rompió, mamá tuvo que vender un ropero de madera de granadillo, para pagar un camioncito que regresó nuestras chivas a la Antigua, a donde llegamos con las trompetas destempladas, y a partir de nuestra despedida no volvimos a tener noticias de la familia Soto-Rosa.

Blanca Rosa de Estrada: Era la menor y más pobre de las cuatro, casada con don Manuel Estrada de la Hoz, tenía 3 hijos Manolo, Estela y Guillermo. Estelita se casó con Rogelio Solórzano, alto empleado de la Empresa Eléctrica, Guillermo permaneció algún tiempo en Chile, fue compañero del Dr. Juan José Arévalo, expresidente de Guatemala, y cuando regresó de Chile, tuvo valiosa intervención en la formación del Cuerpo Voluntario de Bomberos de Guatemala.

1939:

El primero de Septiembre da inicio la segunda Guerra Mundial, con la invasión de Polonia por tropas Alemanas, bajo el régimen nacista del dictador Adolfo Hitler, habiendo durado seis años, ya que los Alemanes se rindieron el 8 de mayo de 1945 y los japoneses el 15 de Agosto del mismo año.

En enero de 1939 dan principio los trabajos de construcción del Palacio Nacional, orgullo de Guatemala, cuyos detalles los mencionaré más adelante, cuando llegue la fecha de su inauguración en 1943.

La deuda que nos tenían a los servidores del Ramo de Educación Pública: es decir Maestros y Personal Administrativo de los Institutos y Escuelas de la República, por concepto de sueldos retrasados, por fin fue pagada en su totalidad, siendo los más beneficiados los catedráticos que a la vez ejercían sus respectivas profesiones, como Abogados, Médicos, Químicos, Comerciantes, etc. toda vez que no tuvieron necesidad de rematar sus recibos con los comerciantes inescrupulosos, como nos sucedió a las mayorías que no contaban con otros ingresos, aparte de su sueldo. A partir de esa fecha, ya no hubo ningún atraso en los pagos de sueldos.