Philip Mullins

Segunda Parte: Mexico

Segunda Parte: Mexico

La finca El Portillo era la más distante de las propiedades de don Juan C. Luthman, que comprendían las fincas: Maravillas, San Enrique, Génova e Independencia, el terreno escabroso, con muchos barrancos y grandes promontorios de enormes piedras, distaba como 10 kilómetros de Maravillas, pertenecía al municipio de Tuzantán, la ciudad más cercana era Huixtla.

La casa principal era de madera, muy amplia con 2 grandes corredores y una alberca de regular tamaño, total reunía las comodidades más indispensables.

Nuestras compras personales y operaciones bancarias las efectuábamos en Huixtla, salvo los pedidos grandes de herramientas para cultivo, fertilizantes y algunos artículos mas que nos llegaban de Tapachula.

Para el alumbrado en general y fuerza motriz para el beneficio y la cocina, había una planta hidráulica y otra auxiliar de vapor para casos de emergencia, por consiguiente no faltaba el fluido eléctrico día y noche, invierno y verano.

Había una cocina grande, dotada de un molino con su motor eléctrico para moler maíz, y una máquina para hacer las tortillas, anexo estaba el comedor con amplias mesas y bancas para el servicio de los trabajadores eventuales, los que en época de cosecha sumaban 500 más o menos.

A los eventuales se les proporcionaba alimentación a bajo costo, consistente en un cucharón de frijoles, café, chile y 25 tortillas por cabeza, esto era para el desayuno, que lo efectuaban en el campo, además se les daba una bola de maíz cocido, quebrantado, para que hicieran, una bebida que le llamaban pozole, la que tomaban a medio día para mitigar la sed y a la vez complementar su alimentación. Para prepararla, deshacían con los dedos la bola de maíz y le agregaban agua en un trasto adoc, hasta dejar la bebida rala o espesa, según el gusto.

El personal de la cocina estaba compuesto por un cocinero con sus respectivos ayudantes, estos últimos en número de uno por cada 100 comensales o fracción de 100. Entre las 2 o 3 de la mañana principiaban sus labores, a las 5 ya estaban haciendo cola para recibir desayuno.

A las 2 de la tarde principiaban a servir la comida: 25 tortillas, frijoles y café, los días miércoles se les daba carne de res, caldo con chayotes, papas y arroz frito, nunca faltando el chile. Cuando faltaba el carnicero o había poca gente, se les daba una lata cilíndrica de macarela, en lugar de carne. En época de cosecha no se cobraba la alimentación, es decir se les daba gratis.

Nuestros hijos fueron inscritos en los colegios Católicos Miguel Hidalgo los hombres y Constancia y Trabajo, las mujeres, el primero dirigido por religiosos de la orden La Salle y el segundo por Monjas Guadalupanas, ambos colegios eran los mejores de Tapachula. Los cinco hijos quedaron de internos y cada 15 días llegaban a la finca, a pasar el fin de semana.

El primer año sufrieron mucho, porque la mayoría de los compañeros alumnos mexicanos, se burlaban de ellos y despreciativamente les llamaban Cachucos, por el hecho de ser guatemaltecos, pero con el transcurso de los años fue desapareciendo ese antagonismo y se hicieron de muy buenos amigos, perdurando la amistad hasta la edad adulta.

En todas las fincas había centros de salud, atendidos por enfermeros dependientes del Instituto Mexicano del Seguro Social, y en determinados puntos de cada zona finquera, funcionaban Hospitales con personal médico, farmacia y enfermeros. Solamente en casos que requerían intervención quirúrgica o médicos especialistas, trasladaban a los pacientes en ambulancias del IMSS a los hospitales de Tapachula o Huixtla.

1959:

Debido a lo escabroso del terreno y encontrándose la mayoría de los cafetales a larga distancia del beneficio, teniendo los trabajadores que hacer el recorrido a pié, con la carga del café tapiscado en la espalda, los jornaleros preferían ir a otras fincas que se encontraban en mejores condiciones.

Por lo tanto el Sr. Luttman, dispuso proporcionar alguna distracción, consistente en conciertos de marimba los sábados por la noche, para que los trabajadores, hombres y mujeres bailaran, teniendo como pista los patios donde se secaba el café pergamino.

Para vigilar las plantaciones y casco de la finca, había un Ronda Tierras, cuya misión era recorrer toda la finca, armado con un rifle para evitar robos o daños a las plantaciones, así como colaborar con el Alcalde auxiliar y Policías, en el mantenimiento del orden.

Recién llegados nosotros a la finca, fue nombrado para desempeñar ese cargo, un muchacho originario de San Marcos, Guatemala, cuyo nombre era Fausto Borralles, muy serio y cumplido. Un sábado por la noche, en ocasión de celebrarse el consabido baile en los patios, un grupito de trabajadores, al calor de las cervezas, se estaban insultando y dándose bofetadas, de pronto apareció Borralles acompañado de varios policías, para someterlos al orden, al instante se escuchó un disparo, desplomándose el ronda tierras, paró el zafarrancho, nadie de los concurrentes sabía quién había disparado, pareciendo que no le daban importancia al suceso.

Yo me encontraba acompañado del Planillero de la finca, el joven Adolfo Sonderegger, inmediatamente nos acercamos al herido que se encontraba semi inconsciente, bañado en sangre, también se presentó el Alcalde Auxiliar. Dispusimos llevarlo al Hospital de Huixtla, siendo recibido en la emergencia, quedando al cuidado de las enfermeras, esto fue como a media noche. Hasta el siguiente día a las 10 de la mañana principió la intervención quirúrgica, terminando a las 2 de la tarde, le encontraron 7 perforaciones en los intestinos, pues el arma con que le dispararon era una escopeta cargada con perdigones, por suerte la operación fue un éxito y relativamente tardó poco tiempo en recuperarse, sin complicaciones posteriores

Más tarde se supo que sin motivo aparente que el trabajador Agustín, cuyo apellido no recuerdo, originario de Sanatepec, Oaxaca, fue el que disparó con intenciones de matar al Guatemalteco Borralles y acto seguido se marchó a su pueblo de origen, terminando ahí todo.

Cambiando de tema, a mediados del mes de Junio salí de vacaciones, acompañado únicamente de mi esposa Elisa, ya que los niños se encontraban en período escolar.

En Tapachula abordamos el ferrocarril con destino a Veracruz, en esa época, el servicio ferrocarrilero era muy bueno con vagones Pullman dotados de literas privadas para dormir, y todas las comodidades. Nuestra estancia en Veracruz fue de 3 días, conociendo la ciudad y sus alrededores como San Juan de Ulúa, donde estuvo prisionero Chucho El Roto, también entramos a conocer el interior de un barco ruso, que se encontraba anclado en uno de los muelles.

Seguidamente nos fuimos en autobús a Puebla, hospedándonos en un céntrico hotel de la ciudad, donde permanecimos 4 días conociendo los lugares más importantes, Cholula, algunos balnearios, etc.

Nuestra tercera meta fue la ciudad de México, nos hospedamos en el Hotel Catedral, visitando en primer lugar la Villa de Guadalupe, Xochimilco, Chapultepec, etc. En el Palacio de Bellas Artes presenciamos la actuación de un Ballet Francés, que interpretó El Lago de los Cisnes, asistimos varias veces al teatro Blanquita, viendo actuaciones de Marco Antonio Muñiz, Manolo Muñoz, Rocío Durcal que estaban en los inicios de su carrera artística. En resumidas cuentas, fueron las mas alegres vacaciones que recuerdo.

Meses antes, cierto día me dijo mi esposa que en la parte baja de un pecho, le había aparecido una bolita, semejante a un grano de arroz, no sentía ninguna molestia y al tocarlo se movía como si estuviera flotando entre cuero y carne, me lo mostró y dentro de nuestra ignorancia, únicamente se nos ocurrió procurar deshacerlo con aplicaciones de Yodex.